Taller mensual La Viña











Monserrat S
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“Durante sus primeros años en AA, todo miembro conoce el impulso de rebelarse contra la autoridad. Yo sé que lo sentía, y no diría que lo haya superado. Además, he pasado por mi época de legislador, como el que reglamentaría el comportamiento de los demás. .... Ahora, al recordar esas experiencias, las puedo mirar con gran regocijo. Y también con gratitud”.
“El crecimiento y las experiencias espirituales no son exclusivas de los ortodoxos que creen en una deidad, al igual que la enfermedad del alcoholismo no es exclusiva de los marginales callejeros”.
“Descubrí una nueva forma de aprender —cerrar la boca y escuchar—… No se trata tanto de qué hago, sino de lo que no hago. Al no hablar, tengo la mente abierta; me pueden enseñar”.
“Estaba tan ocupado arrepintiéndome del pasado y generando expectativas sobre el mañana que no tenía tiempo de vivir en el presente”.
“La glorificación personal, la soberbia, la ambición obsesiva, el exhibicionismo, la suficiencia intolerante, la loca avidez de dinero o poder, el no querer reconocer los errores y aprender de ellos, la satisfacción de sí mismo, la perezosa complacencia —éstos y otros muchos son los típicos defectos que tan a menudo afligen a los movimientos así como a los individuos—”.
“La verdadera respuesta tiene que ser el fruto de nuestras discusiones, nuestras diferencias de opinión, nuestras experiencias cotidianas, y nuestro consentimiento general”.
“Sólo un regalo hecho con amor y gratitud es una bendición para el que lo entrega, y valioso para el que lo recibe”.
“En la vida de cada alcohólico, siempre hay un tirano al acecho. Se llama alcohol”.
“Me vi forzado a descifrar que no puedo descifrar nada”.
“Mi vida y las vidas de los que me rodean son, de hecho y en sí mismas, partes de una sinfonía de interacciones”.
“La frase ‘Dios como nosotros lo concebimos’, es tal vez la expresión más importante que se encuentra en el vocabulario de AA. Estas cinco significativas palabras tienen un alcance tal que en ellas se puede incluir todo tipo y grado de fe, junto con la seguridad absoluta de que cada uno de nosotros puede escoger la suya propia”.
“He comparado el momento transformador en el que la desesperación dio paso a una luz de esperanza con el florecer de un pequeño retoño entre las ruinas bombardeadas de mi vida. Gracias a AA, esa diminuta flor se transformaría en un jardín”.
“La sobriedad afecta la mente de manera interesante: la despeja un poco, permite que se filtre algo de honestidad y de verdad, y comienza a exigir la presencia de la realidad”.
“A veces, centrarse en las fallas del otro puede ser beneficioso. Cuando estaba haciendo el Cuarto Paso, un veterano sugirió que anotara los nombres de las personas hacia las que sentía resentimiento y que agregase dos o tres líneas explicativas de por qué se merecían mi desagrado. Tras dejar de lado la lista durante un día, debía tachar cada uno de esos nombres y reemplazarlos con el mío”.
“Mientras tenga el más mínimo interés en la sobriedad, el alcohólico más inmoral, más antisocial, más criticón puede reunirse con unas cuantas almas gemelas y anunciarnos que se ha formado un nuevo grupo de Alcohólicos Anónimos. En contra de Dios, en contra de la medicina, en contra de nuestro programa de recuperación, incluso unos en contra de otros —estos individuos desenfrenados todavía constituyen un grupo de AA, si así lo creen—”.
