Taller mensual de La Viña







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“Es importante analizar mis pensamientos, ser consciente de qué ideas estoy atando a mi corazón, invitándolas a quedarse en mi mente, alentándolas a dar vueltas por mi cabeza”.
“El principio de la maduración para mí fue estar dispuesto a hacer el intento de enfrentar las realidades de mi propia vida, un día a la vez, y dejar atrás las fantasías de mi infancia sobre tener una vida de cuento de hadas en un mundo perfecto, lleno de gente perfecta”.
“No fue sino hasta entender que el que Dios no responda de inmediato a una oración no significa que no vaya a hacerlo nunca, estuve dispuesto a dejar que un Poder Superior a mí determinase cómo y cuándo iba a recibir las cosas que realmente necesitaba, y no las que reclamaba”.
“De esta manera llegué a saber que lo temporal y aparentemente bueno puede ser a menudo el enemigo mortal de lo permanente y mejor”.
“La esperanza es un tremendo progreso para el que alguna vez se sintió despojado de ella”.
“Seguí la fe de otros durante mucho tiempo y ahora estoy empezando a cultivar la mía”.
“La estabilidad que logré se originó en mis esfuerzos para dar, no en mis exigencias de que se me diera”.
“Nuestras fallas y las pruebas que se nos presentan nos dan la oportunidad de medir eficazmente nuestros méritos y virtudes”.
“Antes tenía dos velocidades: rápida y nula. Una dosis diaria de meditación logra un promedio entre esos dos extremos, una velocidad constante más agradable y eficaz”.
“Ya sea que estuviese sirviendo café en mi grupo base o atendiendo una llamada de Paso Doce, había establecido un nuevo patrón de pensamiento: no sólo pensaba en mí mismo, sino también en los demás”.
“Así que debemos examinarnos constante y detenidamente, a fin de tener la perpetua seguridad de que, dentro de nuestra Sociedad, siempre seamos lo suficientemente fuertes y estemos suficientemente fijados en nuestro único propósito como para relacionarnos apropiadamente con el mundo exterior.
“Estando sobrio, con frecuencia oraba cuando, en realidad, necesitaba meditar. Me quejaba tanto ante Dios que no le dejaba interponer una sola palabra. (No puedo evitar hacer con Dios lo que hago con los seres humanos). Para mí, la meditación es, simplemente, estar en silencio y escuchar, algo que no me sale de manera natural. Es coserme la boca —y silenciar la mente, que habla sin parar aunque mi boca esté cerrada—”.
“Cordialmente, invité a Dios a pasar el día conmigo (como si fuese un pariente o un amigo de visita) y, en seguida, entablé un diálogo mental con él. Me di cuenta de que, a medida que hacía contacto con Dios, iba entendiendo quién era yo en realidad”.
“Busca ese poder y pídele ayuda cuando te sientas aturdido o con miedo, de la misma forma en que una planta busca la luz”.
“Según vamos mejorando en el uso del ‘lenguaje del corazón’, nuestras comunicaciones se mejoran al mismo ritmo; ya tenemos paso franco para atravesar todas las barreras de distancia e idioma, de distinciones sociales, de nacionalidad y religión que han creado tantas divisiones en el mundo de nuestros días”.
