Cita Diaria con La Viña Agosto 6
En ocasiones, tenía tropiezos, pero también parecían fortalecer mi programa. Unirme a AA no fue lo más fácil que he hecho, pero nunca antes me había sentido más cómodo estando sobrio. Gracias, AA.
En ocasiones, tenía tropiezos, pero también parecían fortalecer mi programa. Unirme a AA no fue lo más fácil que he hecho, pero nunca antes me había sentido más cómodo estando sobrio. Gracias, AA.
"El servicio es la mejor muestra de gratitud hacia la comunidad, porque así pago por lo que he recibido".
Trato de practicar el programa lo mejor que puedo. Pero lo más importante, estoy liberado de la obsesión por el alcohol. Vivo una vida de paz y tranquilidad en mi hogar, en mi trabajo y en la sociedad.
Me preguntó: “¿Por qué bebe?” Asustada, le susurré casi imperceptiblemente: “No sé”. Y en realidad no sabía por qué bebía si “lo tenía todo”. En ese consultorio, el Dr. Federico me dio el mensaje de vida de AA. “Vaya lo más pronto posible a AA”, me dijo.
Al fin paré de beber y de auto-destruirme. Me acepto, me valoro y me respeto así como estoy, así como soy. Sin embargo, hoy no volvería a beber ni aún pudiéndolo hacer. He aceptado alma y corazón adentro que soy alcohólica y que no puedo con esa primera copa.
“Sigamos haciendo nuestro inventario como Comunidad, intentando descubrir nuestros defectos y confesándolos sin reserva. Dediquémonos a remediar todas las relaciones defectuosas que puedan existir, ya sean internas o externas”.
El programa, al menos, me ha enseñado que debo hacerle frente a la vida sin tener que recurrir al licor. No quiero y no voy a apartarme de los grupos, pues quiero estar bien, sentirme bien y darle gracias a Dios todos los días por las buenas y las malas.
Ahora me doy cuenta que lo que busqué siempre fue satisfacción personal, tal vez algún tipo de reconocimiento para tapar mis inseguridades o, como ahora lo reconozco, me dejé llevar por mis defectos de carácter —los cuales desconocía—. Mi amor propio estaba por el piso…¡Qué equivocado estaba!
El sentimiento de calidez, de amor y comprensión, de aceptación y pertenencia que obtengo en una reunión, para mí es una de las grandes recompensas de estar en AA. Es algo raro que tenemos, algo que el mundo de los no alcohólicos rara vez experimenta. Me hace saber lo afortunados que realmente somos.
Antes no quería ver que era alcohólico, aunque todos los demás lo veían. Ahora veo que soy alcohólico, pero nadie más lo ve.
“En el momento más oportuno y por la gracia de Dios, a cada uno de nosotros se nos ha concedido la posibilidad de adquirir una comprensión cada vez más amplia del significado y del propósito de su propia vida”.
“Su felicidad es un subproducto —este dividendo de dar sin exigir nada a cambio—”.
Tenía que cambiar de alguna forma y no sabía cómo. Entonces me acordé de nuevo de AA. Había tocado el fondo que tenía que tocar para darme cuenta de que mi vida se había vuelto ingobernable. Ahí tomé la decisión de que no me iba a dar el lujo de seguir siendo un fracasado.
“La alternativa que tenemos es la de seguir desarrollándonos o decaer. Para nosotros, el ‘status quo’ solo vale para el día de hoy, nunca para mañana. Tenemos que cambiar; no podemos quedarnos quietos”.
Me di cuenta de que en todos y cada uno de mis problemas a lo largo de toda mi vida siempre había existido el denominador común de la bebida. Caí en cuenta de que el verdadero problema estaba en mí. Tenía que cambiar de alguna forma y no sabía cómo.
