Cita Diaria con La Viña 14 de Febrero
“Pero los tiempos han cambiado. Lo que antes nos hacía morirnos de miedo, ahora nos hace morirnos de risa”.
“Pero los tiempos han cambiado. Lo que antes nos hacía morirnos de miedo, ahora nos hace morirnos de risa”.
“En la sobriedad he podido recuperar mi sano juicio. He aprendido a vivir una nueva vida, soy digno de amar y ser amado, ser feliz y dar felicidad, respetar y ser respetado sin necesidad de pretender controlar o manipular a los demás”.
“Como sociedad, nunca debemos volvernos tan vanidosos como para pretender que hayamos sido autores e inventores de una nueva religión. Recordaremos con humildad que cada uno de los principios de AA, cada uno de ellos, los hemos apropiado de fuentes antiguas”.
“Para mí los milagros ocurren en el campo espiritual y se manifiestan en el ambiente material. Aquí encontré mi desarrollo espiritual y lo demás me ha llegado por añadidura”.
“Este es un programa para toda la vida. Tuve que morir para empezar a vivir y dejar vivir”.
“Al fin paré de beber y de autodestruirme. Me acepto, me valoro y me respeto así como estoy, así como soy. Sin embargo, hoy no volvería a beber ni aun pudiéndolo hacer. He aceptado, alma y corazón adentro, que soy alcohólica y que no puedo con esa primera copa”.
“No maldigo al alcohol. No le guardo rencor, ni resentimientos. Por el contrario, gracias a la bebida pude encontrar a Alcohólicos Anónimos, recuperar el amor de mis seres queridos, ser recibido nuevamente en el seno de la sociedad, recibir abrazos de mis verdaderos amigos por el cambio que se va operando en mí, veinticuatro tras veinticuatro horas, ser respetado y valorado en mi trabajo”.
“Hoy, gracias a Alcohólicos Anónimos, he aprendido a ser responsable y la mayor de esas responsabilidades es amarme y aceptarme a mí mismo, así libero el sufrimiento y el resentimiento”.
“Poco a poco mi sueño se fue normalizando, mi sistema nervioso también, y un buen día me di cuenta que ya no tenía ganas de beber. Empecé a reírme junto con los AA. Mi optimismo creció, mis relaciones sociales empezaron a mejorar, veía el sol y empecé a sentir eso que llaman ‘alegría de vivir’”.
“Pero Dios, con su divina bondad, puso en mi camino a Alcohólicos Anónimos. Llegué allí a buscar una solución a mi problema con la bebida y, para mi sorpresa, me encontré con una forma de vida nueva y diferente, de la cual hoy vivo enamorada”.
“No hay frase más verdadera y exacta que la del Primer Paso: ‘Con una copa en la mano, hemos deformado nuestra mente hasta tener una obsesión por beber tan destructiva que sólo un acto de la Providencia puede librarnos de ella’”.
“La experiencia del programa de AA es que sin cambios personales no hay una recuperación genuina”.
“Llevo dos años como miembro activo de AA. Mi vida ha cambiado mucho, no sólo porque dejé de beber, que fue el primer paso, sino porque tengo a mi familia a mi lado, y por todo esto le doy gracias a mi Poder Superior”.
“No pretendo ni quiero salvar al mundo, pero sí quiero plantar una semilla en el corazón de los individuos, sean o no alcohólicos, para que, en el futuro, puedan recordar que para cada problema existe un Poder Superior que siempre se manifiesta en los momentos más difíciles”.
“Orgullosamente siento que mi lugar es en AA. Es un regalo de Dios y donde quiera que me encuentre, ese sitio me pertenece de por vida, si lo cuido y lo cultivo”.
