Cita Diaria con La Viña Noviembre 8
Como alcohólicos activos perdimos nuestra capacidad para escoger entre beber o no beber. Fuimos víctimas de una compulsión que parecía imponernos que siguiéramos con nuestra autodestrucción.
Como alcohólicos activos perdimos nuestra capacidad para escoger entre beber o no beber. Fuimos víctimas de una compulsión que parecía imponernos que siguiéramos con nuestra autodestrucción.
“Hay más errores por enmendar, cartas por enviar, trabajo de Paso Doce por hacer, responsabilidades por asumir y charlas honestas por mantener con nuestros seres queridos. La vida es para vivirla enfrentando los desafíos que nos depara. De otra forma, no vivo, sólo existo”.
“Al aplicar los principios del programa, me gané mi libertad —la libertad de ser quien verdaderamente soy, de gustarme como soy, de convertirme en lo que mi Poder Superior me tenga deparado, un día a la vez; de tener la clase de vida con la que me sienta más a gusto, de amar y de reír—”.
“Primero, sacrificamos el alcohol. Tuvimos que hacerlo; si no, nos habría matado. Pero no podíamos deshacernos del alcohol mientras no hiciéramos otros sacrificios. Teníamos que renunciar a la petulancia y al razonamiento farsante. Teníamos que echar por la ventana la autojustificación, la autoconmiseración y la ira. Teníamos que abandonar el alocado concurso por ganar prestigio personal y grandes cantidades de dinero. Teníamos que asumir personalmente la responsabilidad de nuestra lamentable situación y dejar de culpar a otros por ella”.
“Los tres primeros pasos de AA me sugieren aceptar mi incapacidad para controlar la bebida, convencerme de que sólo un Poder Superior me puede devolver el sano juicio, y que debo poner mi vida y mi voluntad al cuidado de Dios”.
Llegamos a creer que un Poder Superior nos podría devolver el sano juicio, en cuanto estuviéramos dispuestos a practicar los Doce Pasos de A.A. "En pocas palabras, nos decidimos a 'estar dispuestos' y nunca habíamos tomado una mejor decisión".
Por lo tanto, en esta vida nunca lograremos una humildad y un amor perfectos. Respecto a la mayoría de nuestros problemas, tendremos que contentarnos con un progreso muy gradual, interrumpido a veces por graves contratiempos. Tendremos que abandonar nuestra vieja actitud de "todo o nada".
Sin importar el éxito o fracaso mundanos, la pena o la alegría, la enfermedad o la salud o siquiera la muerte misma, se puede llevar una nueva vida de posibilidades sin fin, si estamos dispuestos a seguir con nuestro despertar por medio de la práctica de los Doce Pasos de A.A.
La fe es nuestro don más precioso; compartirla con otros es nuestra responsabilidad más grande. Que los A.A. busquemos siempre la sabiduría y la buena voluntad por medio de las cuales podamos cumplir con el cometido importantísimo que el Donante de todas las dádivas perfectas ha depositado en nuestras manos.
De alguna manera, el sentirnos solos con Dios no parece tan dificultoso como encarar a otra persona. Mientras no nos sentemos a hablar en voz alta sobre todo aquello que hemos escondido durante largo tiempo, nuestra buena disposición para limpiar totalmente nuestra casa no pasará de ser una mera teoría. Cuando somos honrados con otra persona, tenemos la confirmación de que hemos sido honrados con nosotros mismos y con Dios.
A pesar de su acostumbrada destructividad, hemos descubierto que el temor puede servir como punto de partida hacia lo mejor. El temor puede ser un escalón hacia la prudencia y el digno respeto para los demás. Puede enseñarnos la senda tanto hacia la justicia como hacia el odio. Y cuando más justicia y respeto tengamos, más pronto llegaremos a encontrar el amor que tolera el sufrimiento y, no obstante, se da libremente. Así que el temor no tiene que ser siempre destructivo, porque las lecciones de sus consecuencias nos pueden conducir a valores positivos.
No siempre nos acercábamos a la sabiduría por medio de nuestras virtudes; nuestra más amplia comprensión a menudo tiene sus raíces en los dolores de nuestra antigua locura. Ya que ésta ha sido la esencia de nuestra experiencia personal, es también la esencia de nuestra experiencia como Comunidad.
Me esfuerzo por aferrarme a la verdad de que un corazón lleno y agradecido no puede abrigar grandes presunciones. Rebosante de gratitud, el corazón tiene que latir con un amor que fluye hacia todo lo que nos rodea, la emoción más elevada que jamás podamos experimentar.
"Cuando el alcohol me hizo postrar de rodillas, me preparó para pedir el don de la fe. Y todo fue transformado. Nunca más, a pesar de mis dolores y mis problemas, experimentaría el desconsuelo de los años anteriores. Vi el universo iluminado por el amor de Dios. Ya no estaba solo".
Los A.A. podemos comprender fácilmente cómo la verdad puede liberarnos. Rompe las cadenas que una vez nos ataban al alcohol. Sigue liberándonos de conflictos y angustias inimaginables; destierra el miedo y la soledad.
