Anestesiada
Llegué en el tercer intento, no por deseo propio, sino por recomendación de un terapeuta. Iba a las reuniones, leía la literatura, pero no entendía nada. Soy cuarta generación de un mal destructor llamado alcohol, mi primer modelo de vida. Comencé a beber a edad muy temprana en la adolescencia (cuando el cerebro aún no está desarrollado por completo). Sin saberlo, en esa etapa comenzó una vida de autodestrucción que duró décadas. La presencia del alcohol en mi vida fue constante, como en la vida de mi padre, quien vivió en miseria hasta el día de su muerte.
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