Article Hero Image
Septiembre / Octubre 1997

El dilema de la doctora

Me llamo Shree y soy alcohólica. Había estado sobria por un largo rato cuando aterricé en el aeropuerto de Gran Caimán en las Islas Caimán en septiembre de 1995. Me habían ofrecido un trabajo de cirujana en el hospital local del gobierno con un contrato de prueba y se suponía que empezara el lunes siguiente por la mañana. Había esperado un año por este trabajo. Lo necesitaba mucho y estaba dispuesta a hacer lo que fuera para conseguirlo. Los tres meses de prueba iban a ser de suma importancia para mi futuro. 

A la una me llevaron a un hotel cercano, y a las dos ya echaba de menos mis reuniones de AA. Me dirigí a la recepción y encontré una copia de una revista local. La hojeé y me asombró encontrar el horario de las reuniones de AA en la isla. Me sentí aliviada. En el primer piso del hotel había un bar lleno de jóvenes festejando, bebiendo, fumando y bailando calipso a todo volumen. Muchos de ellos tenían botellas en las manos. El olor a humo y licor impregnaba todo. Empecé a sentirme inquieta, nerviosa y muy solitaria. Me encerré en mi habitación, pero no me sirvió de nada. El ruido y los olores de afuera se filtraban por la puerta cerrada. Intenté leer mi ejemplar del Libro Grande. Dije la Oración de la Serenidad que me ayudó momentáneamente. Decidí salir a caminar por un largo rato. Caminé por una hora a través de las áreas turísticas y no me sentí mejor; de hecho, me sentí peor. Pronto caí en cuenta que beber era el deporte nacional. La fiesta estaba en todo su apogeo cuando regresé al hotel a las seis. Necesitaba ayuda, rápido. ¡Necesitaba a AA! Marché a mi habitación y llamé la línea directa de AA. La usual voz amable contestó y me dijo que había una reunión a las ocho esa noche. Cuando pregunté por la dirección del sitio, la respuesta fue, "el hospital." Sentí que el piso se hundía debajo de mis pies. Sabía que había sólo un hospital en la isla — el mismo en el que iba a empezar a trabajar el lunes siguiente. Estaba en un aprieto. El corazón me latía con fuerza, tenía la boca reseca, los ojos irritados. Tenía un revoltillo en la cabeza.

Shree, la alcohólica, gritaba: "Shree, vas a comenzar un nuevo trabajo en esta islita donde todos se conocen. ¡Tu reputación está en juego! Nunca te ofrecerán un contrato de larga duración una vez que se den cuenta que eres alcohólica. Algún miembro del personal del hospital tarde o temprano te verá yendo a esas reuniones. Es más, ¡no sabes nada acerca del anonimato en grupos de AA en la isla! Este trabajo es muy importante para ti. Esperaste un año para que te lo dieran. Has trabajado mucho para obtenerlo. Tienes que aprovechar esta oportunidad. No empieces a asistir a las reuniones hasta que te den el empleo permanente." Shree, la sobria, respondió calmadamente: “Shree, necesitas ir a una reunión. Necesitas a AA. Déjaselo a Dios. Si permaneces sobria conseguirás otro trabajo. Si no vas a las reuniones vas a beber de nuevo. Te quedarás sin empleo. Debes hacer lo que se supone que hagas y Dios hará lo que tiene planeado para ti. Por favor trata de poner en práctica los principios de AA en todos tus asuntos. ¿Por cuánto tiempo vas a mantenerte sobria y serena en esta atmósfera alcohólica que te rodea sin asistir a AA? Mantén tus prioridades en orden. Trabajo o no trabajo, la sobriedad es tu prioridad principal." 

Me arrodillé y dije la Oración de la Serenidad y a continuación el Padre Nuestro, y le pedí ayuda a Dios. A las siete y media, iba rumbo a una reunión. Probablemente la mejor reunión de AA a la cual he asistido. Mi corazón había dejado de latir con fuerza. El miedo, la ansiedad, y el desasosiego habían sido reemplazados por la serenidad, la cordura y la espiritualidad. Le estaba agradecida a AA y a mi Poder Superior por guiarme correctamente. Era la misma de siempre y me sentía llena de paz cuando regresé a mi habitación en el hotel. Dormí sin sobresaltos.

 La noche siguiente asistí a una reunión del Grapevine en un salón de la parroquia del pueblo, y el domingo asistí a una reunión abierta en una cabaña playera en la parte más remota de la isla. Había regresado a los brazos amorosos y protectores de AA. El domingo por la noche no fue tan tranquilo. El miedo y la ansiedad acerca de mi nuevo trabajo empezaron de nuevo a apoderarse de mí y empeoraron cuando me levanté con dificultad de la cama el lunes por la mañana. ¿Qué iba a suceder? ¿Qué saben ellos acerca de mi alcoholismo? Me arrodillé, dije mis oraciones, leí Reflexiones Diarias, y pedí ayuda. 

Al poco rato me encontré en la oficina de mi jefe en el hospital diciendo: "Señor este es mi primer día de trabajo aquí. Sé que estoy a prueba por tres meses. Debo decirle algo antes de que se entere a través de alguien en el hospital o en la comunidad. Soy una alcohólica en recuperación y necesito la Comunidad de Alcohólicos Anónimos. He estado asistiendo — y continuaré asistiendo a las reuniones de AA cada vez que me sea posible. ¡Lo siento mucho, pero tenía que decírselo! 

Mi nuevo jefe me contestó inmediatamente, con una sonrisa de oreja a oreja: 

"Doctora, ya me enteré que ha asistido a las reuniones, pero me complace escucharlo de su propia boca. Respeto su honestidad, pero no tiene que decírselo a todo el mundo aquí.”

Desde entonces el hospital me ha ofrecido un contrato a largo plazo  Mi trabajo es muy bien apreciado. Voy a un mínimo de cinco reuniones por semana. Para mí AA es la solución a la mayoría de mis problemas, incluyéndome a mí misma. En AA me siento como en ml casa. 

¿tienes algo que quisieras compartir con nosotros?

¡Queremos escuchar tu historia! ¡Envíanos tu historia o foto y esta podría ser publicada en una próxima edición de la revista La Viña!

comparte aquí