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Septiembre / Octubre 1997

Como el viento entre los arboles

Nací un paria en la primavera de 1946 en la reserva Ki-on-twog- ky (Plato de maíz) en el estado de Pensilvania, la tierra ancestral de los indios Séneca. En la actualidad es el Valle Kinzue, ahora cubierto por las aguas.

No siendo ni o(h)n-weh-o(h)n-weh (gente real) ni blanco, me preguntaba cuál raza me reclamaría. ¿A cuál cultura pertenecía? Rápidamente perdí cualquier identidad que pudiese haber tenido, resentido con los Sénecas, lleno de odio contra la sociedad blanca, y furioso con ambos ¡Me las iban a pagar! ¡Les iba a mostrar cómo era el cuento! Los prejuicios, los insultos raciales, el odio y la indiferencia eran los componentes de mi vida. No encajaba en el trabajo, ni en el círculo social, ni siquiera en la religión. Así fue cómo el alcohol se convirtió en mi amo y abandoné todo por él.  Mi espíritu estaba muerto. Mi vida de auto-destrucción había comenzado. En las próximas tres décadas vi el borde del mundo a través del whisky, el vino y las botellas de cerveza. 

Es la manera de ser y la creencia de los o(h)n-weh-o(h)n-weh (la gente real) que la vida es sinónimo de espiritualidad — que el espíritu vive mientras el cuerpo está muerto. Cuando el cuerpo se dio por vencido y la oscuridad descendió sobre mí de la misma manera que el Padre Sol le entrega la luz al occidente —  fue entonces que nací en el Este donde comienza la vida. Me encontré con el Caminante de los vientos, ta-tey-mani.

 Al Caminante de los Vientos le puso ese nombre su abuela, una verdadera Séneca y una verdadera— o(h)n-weh-o(h)n-weh (la gente real). Ta-tey-mani era un hombre que conocía la medicina que enseña el lobo. Compartió conmigo las enseñanzas del árbol sagrado, la rueda medio, y las enseñanzas del Creador de todas las cosas vivientes. Y compartió conmigo las enseñanzas del Libro Grande. 

Hoy me siento en silencio con mi espíritu, dejando que el Creador fluya a través de mí, como el viento susurra a través de los árboles en un cálido día de verano. Siento gratitud por sus enseñanzas y lecciones de la vida. Una lágrima de felicidad y amor se desliza por mi mejilla cuando me pregunto: "¿Por qué me salvé yo?" Quizá nunca lo sabré. Pero estoy agradecido, porque a través del Creador puedo respirar como un hombre sobrio y caminar en libertad, como lo hacen otros hombres. 

Hoy acepto y me entrego a un poder superior al mío, porque es a través de este poder, a quien llamo el Creador, que vivo. Hace por mí lo que no podía hacer por mí mismo. Me da esperanza, coraje, amor incondicional y vida. 

A través de él, acabé entre un grupo de personas especiales que son como yo. Es un grupo que da amor, comprensión de gente amable que ayuda y guía a aquéllos que todavía están luchando por sobrevivir. 

Sin duda hay un gran poder que funciona en esta Comunidad  de hombres y mujeres llamada AA. Es aquí que encuentro refugio de las tormentas que yo mismo he creado, un santuario donde no existe el miedo, la paz en la confusión. Ahora puedo caminar con la mente clara y el corazón puro y hablar con la lengua honesta. Tengo esperanza y humildad. Hoy soy un alcohólico, no un ser marginado de la vida. 

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