Un mensaje sincero
Noviembre / Diciembre 2022 | Cortos de La Viña | Sección Especial

Un mensaje sincero

A pesar de las trabas lingüísticas al comienzo, sus compañeros no dejaban de hacer lo posible para que él escuchara el mensaje

Soy Julio, soy alcohólico. Llegué al grupo en el que hasta el día de hoy estoy orgulloso de haber nacido, el grupo MIDTOWN. Llegué en octubre de 2007, un mexicano sin hogar, sin hablar ni entender inglés.

Un día miércoles llegaron los compañeros que me pasaron el mensaje, fue mi padrino David B. y Jaime F. con su español mocho. Con mi soberbia de verlos jóvenes con años en AA, yo pensaba: “Estos chavos qué me van a decir del alcohol y de las drogas si no conocen ni han vivido lo que yo he vivido en el mundo de las drogas y el alcohol”.

Leyeron parte del Libro Azul que no entendí por mi mente llena de prejuicios al verlos jóvenes y hablar de AA. Recuerdo que al término de la reunión le pedí su número de teléfono a David.

El día domingo me salí del centro de tratamiento; estaba en la estación de metro en el Distrito de Columbia y con las dos monedas que traía de 25 centavos le llamé a David, el cual no tardó en pasar por mí en su auto.

Me llevó a una casa donde había muchos jóvenes hablando, riendo y mostrando sus ganas de vivir, de lo cual no entendí casi nada ya que todo era en inglés. Tenía yo 28 años de edad y pensaba desde esos momentos sentirme como ellos se sentían.

Recuerdo que me llevaron a mi primera reunión de las 7:30 pm., la gente se me acercaba y yo miedoso, sin saber qué decían muchos, solo me agachaba. Recuerdo que estaba Andre, David, Mike y otros compañeros que hacían sus mejores esfuerzos por traducirme lo que los compañeros me trataban de decir. Vi a muchísimas compañeras jóvenes, güeritas, morenas, y pensé que ese era mi lugar.

Al término de la reunión David me preguntó que dónde vivía, me iban a llevar, y recuerdo que le contesté: “Déjame en cualquier esquina, por ahí duermo junto a cartones y lo que sea necesario”, que no me iba a morir de frío, pero que, por favor, mañana me trajera a otra reunión. Me preguntó contento y entusiasta: “¿Le entendiste?” le contesté: “No, pero me gustó y quiero regresar, por favor”.

Me llevaron a un albergue y ahí empezó mi caminar en AA en inglés, sin entender el idioma, pero sí entendí y comprendí que existía un lugar donde me entienden, no me juzgan, y que con el apoyo de todos lograron ayudarme a aprender a trabajar, rentar un cuarto a los dos meses, jugar soccer, aprender inglés, convivir.

Fueron las primeras veces que iba al cine, a la playa y que disfrutaba mi vida en medio de un ambiente y con gente que no entendía mi idioma, pero sí entendía mi problema mental que acarreaba a consecuencia del alcohol y las drogas.

Me introdujeron al programa, hice mi Cuarto y Quinto Paso que sufrí como nada en la vida, pero ver que los demás siendo jóvenes lo hacían y sus resultados eran los que yo quería, eso me animó a hacer lo mismo que ellos hacían en el programa.

Murió mi madre a los dieciocho meses de sobriedad, conocí a una señora que resultó que era mi tía. Me encontró mi primera hija por Facebook después de casi once años sin saber de ella. Empecé a practicar el Octavo y Noveno Pasos. Empecé a llenarme de soberbia e hice lo que creí que era correcto, pues ya casi tenía tres años de sobriedad. Fui deportado por ser desobediente a las sugerencias de mi padrino y de varios compañeros que me ayudaban desinteresadamente.

El día de hoy vivo en Ciudad de México, participo en servicios correccionales y tengo mi grupo base que es muy similar al grupo donde nací en el Distrito de Columbia, que se llama grupo Valle de México.

El próximo dos de octubre, si Dios lo quiere, cumpliré catorce años de continua sobriedad. Todo esto que ha pasado, bueno y malo, ganancias y perdidas, no han sido suficientes para que vuelva a beber.

Comprendí que Dios, AA y un grupo, hacen lo que yo quise hacer por casi catorce años, el dejar de beber y de drogarme. Pero, sobre todo, el saber vivir con todos los beneficios y consecuencias de mis acciones. Por esto, el día de hoy puedo ser y soy responsable.

Felices 24 horas.

Un fuerte y caluroso abrazo.

Mantén sencilla tu persona en todos los ámbitos de tu vida.

Sé honesto.

Repara continuamente.

Ayuda a los que sufren de alcoholismo.

Estos son los principios básicos que hago con el esfuerzo cotidiano por practicar y me han dado resultado. Dios los bendiga.