No podía celebrar sobrio
Noviembre / Diciembre 2022 | Cortos de La Viña | Experiencia, Fortaleza y Esperanza

No podía celebrar sobrio

Su fondo no fue hasta después del Año Nuevo, a pesar de los esfuerzos de sus compañeros

Mi nombre es Ronny, nací en medio de una pobreza y de carencias de todo tipo, hijo de padre alcohólico y padre analfabeto. Mi primer contacto con el alcohol fue a los ocho años por ignorancia y curiosidad. Compré con un amigo una botella de vino que en ese entonces valía 0.25 centavos.

A los trece años, por no querer estudiar, engañé a mi madre diciéndole que la quería ayudar y nos pusimos de acuerdo que una semana era para mí y una para ella, pero nunca cumplí, pues mis compañeros de trabajo me llevaban a la cantina al final de las labores y de allí empecé a desviarme al alcohol, marihuana y pastillas, que me hacían estar en un ambiente que me gustaba.

Luego comencé a dejar el trabajo, a veces iba y a veces no, además empecé a vender pastillas y a robar y, para mi mala suerte, el gobierno comenzó a hacer limpieza social, y por llevarme a mí, se llevaron a mi hermano y a mi amigo, quienes después aparecieron muertos.

Me sentía culpable de ver llorar a mi madre desconsolada. Un día me dijo que hubiera preferido que fuera yo al que hubieran matado y no a mi hermano, pues solo le causaba dolor y amargura. Yo culpaba a la policía, a todas las personas y también a Dios, pero en lo más profundo de mi corazón sabía que yo era el culpable. Me hundía más y más en el alcohol.

Un día cambié mi hábito de vivir y solo fumaba marihuana, no tomaba pastillas ni robaba, pero el alcohol me seguía haciendo daño. Hasta que un día, en la cantina, dos amigos dijeron que querían ir a AA y me pidieron que fuéramos, yo un poco indeciso les seguía el cuento pero los evadía.

Un día viernes me fueron a buscar para ir, yo sí quería cambiar pero no tenía la confianza. Le dije a mi madre que iría con mis amigos y me preguntó con quiénes, le dije que con Hugo y Sacundo, ella me dijo que ellos eran igual que yo.

Esa noche fui y me dieron la bienvenida en el grupo “Comenzando a vivir”, en Guatemala, pero no pude mantenerme sobrio, pues se aproximaba la Navidad y el Año Nuevo, y caí. Recuerdo a mis compañeros que me cuidaron hasta las tres de la mañana y a esa hora me emborraché.

Luego, el dos de enero de 1989, en medio de una gran cruda y tembloroso, decidí que era el momento de cambiar y gracias a Dios y a Alcohólicos Anónimos llevo 25 años sobrio. Tengo una familia de cuatro hijos y una esposa que solo me ha visto sobrio. Mis hijos jamás me han visto borracho. Bendito Dios por estar aquí.