El vínculo
Noviembre / Diciembre 2022 | Cortos de La Viña | Tradición tres

El vínculo

Las puertas de AA están abiertas para quien lo necesite, gracias al objetivo único

Me llamo Mario Alberto G. y soy alcohólico. Meditando sobre la reflexión de la Tercera Tradición que se repite en el enunciado, como requisito de entrada para ser miembro de AA.

En mi caso personal, llegué muy joven al grupo “Renacimiento” que apenas tendría unos catorce años de fundación, pero ya enfermo crónico, con nueve años de alcoholismo. Lo único que tuve que hacer al leerse la Tercera Tradición, “El único requisito para ser miembro de AA es querer dejar de beber”, fue levantar la mano y ponerme de pie. Me sentía, aunque deshecho por dentro, muy orgulloso, porque con mi bien marcada vanidad se me aplaudió, se me dijo que era la persona más importante esa noche y que “se me darían las primeras armas”. ¿Qué será esto?, me pregunté.

Luego, un señor que coordinaba la reunión por esa noche, llamó a uno de los presentes quien subió a la tribuna, se identificó como un enfermo alcohólico, me dio la bienvenida y me contó parte de su historial alcohólico. Fue entonces cuando me enteré por el mismo orador qué era eso de “las primeras armas”. Se trata de las tres sugerencias al iniciado: 1. Pase lo que pase y suceda lo que suceda, por hoy, por estas 24 horas, no se tome esa primera copa de licor; 2. Aléjese por un tiempo prudencial,  —que aun continúo practicando— de todas aquellas personas con las cuales bebía, y no visite los lugares donde se consumen bebidas alcohólicas; y 3. Venga al mayor número de reuniones, y a las cuales continúo asistiendo.

Hubo más “oradores” que me explicaron que lo que ellos padecían no era de un vicio sino de una enfermedad incurable, obsesiva y compulsiva, insidiosa y de fatales consecuencias, llamada alcoholismo, con todos sus síntomas.

A eso de las ocho de la noche, un señor trigueño, bajo, de edad avanzada y vestido de uniforme gris, cerró un armario ubicado atrás por la puerta y luego se dirigió primero donde tres “compañeros” sentados en aquellas bancas de madera color verde, sobre las que había unos ceniceros cortados de bambú, les ofreció el café en unas tazas plásticas de color verde, azul o amarillo. Observé a uno de ellos, impecablemente vestido de traje completo y chaleco color limón, quien de una de sus bolsas sacó una latita y azucaró con ellas el café; después se nos sirvió a todos café con pan, sin más preámbulos.

Se hizo un pequeño receso a eso de las 8 pm para después continuar esa noche la reunión que se cerró con una Acción de Gracias leída por quien presidía desde una pequeña mesa. Poniéndonos en pie, tocó una sonora campana que aún conserva nítida el Grupo, y se nos pidió un momento de reflexión para dar gracias a Dios como cada quien lo concebía. Con un solo toque de la campana se dio por cerrada aquella que fue mi primera reunión y experiencia en un grupo de AA.

Me rodearon muchos de aquellos hombres y mujeres, y entre abrazos y sonrisas “me felicitaron” por el gran paso que recién acababa de dar y, desde luego, me invitaron a que llegara a la siguiente sesión la noche del jueves, porque según me explicaron, al siguiente día, que era miércoles, se reunían unas señoras Al-Anón, formado por las esposas de aquellos compañeros recuperados cuyas vidas también habían sido afectadas por la forma “grosera” de beber de sus esposos. Entre humo de cigarrillos, risas y comentarios, abandoné por un largo corredor el local del grupo y entre círculos de pláticas afuera me despedí de todos ellos, “subido en mi ego”, porque era la persona más importante del grupo Renacimiento.

Con el tiempo comprendí lo que es Alcohólicos Anónimos, cómo funciona y lo que es el programa de recuperación, ante una enfermedad común que a todos nos identifica y recupera con los Doce Pasos, y que, a pesar de nuestras diferencias, credo, política y pensamientos, nos mantenemos en unidad gracias al espíritu de las Doce Tradiciones.

Mi punto de vista frente a todo este panorama es que, los fundadores de AA, se vieron en la necesidad de diseñar un sistema de vida, un programa que nos permitiera vivir y trabajar juntos. Somos una multitud de personas con un solo vínculo común que es nuestra enfermedad y en ella va implícita que somos personas orgullosas, profundamente resentidas y heridos en nuestras fibras más íntimas, sin embargo, con semejante mezcla de defectos de carácter y actitudes negativas, estamos unidos por la mano de Dios quien fue capaz de provocar en nosotros un milagro. De allí que AA probablemente sea el único lugar en la tierra donde se nos ofrecen todas las respuestas, y sus principios básicos nos llevan a la verdad útil y feliz para nuestra jornada por la tierra.

La Tercera Tradición es una de las Doce Tradiciones que juntas nos entregan trabajo sobre la humildad frente al orgullo, oponiendo el servicio a la pereza, el amor a la ira, y nos lleva a practicar la unidad. Todos los enfermos alcohólicos tenemos derecho a las mismas respuestas y todos debemos estar dispuestos a entregarlas libre y gratuitamente. Por eso se abren las puertas de la Tercera Tradición, para que el acceso a nuestra información siempre esté abierto a todos los alcohólicos que la necesiten.

Nuestra primera responsabilidad como comunidad es la de asegurar nuestra supervivencia, por tanto, recordemos lo que Bill W. nos dijo: “Tenemos que limitar los miembros de nuestra comunidad a los alcohólicos y tenemos que limitar nuestros grupos a un objetivo único. Si no nos aferramos a estos principios, es casi cierto que fracasaremos, y si fracasamos, no podremos ayudar a nadie. Por lo tanto, no veo ningún modo posible de convertir a los adictos no alcohólicos, en miembros de AA. Ellos no eran capaces de dar charlas francas de AA ni con pocas excepciones de identificarse con nuevos miembros de AA. De aquí, no podían hacer de manera continua el trabajo de Paso Doce. Bueno, entonces, ¿Qué es lo que se puede hacer para los drogadictos o para cualquier otra persona? Algunas respuestas muy eficaces a problemas diferentes de liberarse del alcohol siempre han sido encontradas por medio de grupos especiales, algunos trabajando dentro de la comunidad, otros afuera.

“Nuestra comunidad debe incluir a todos los que sufren de alcoholismo. Por eso no podemos rechazar a nadie que quiera recuperarse. Ni debe el ser miembro de AA depender del dinero o de la conveniencia. Cuando quiera que dos o tres alcohólicos se reúnan en interés de la sobriedad, podrán llamarse un grupo de AA con tal que, como grupo, no tenga otra afiliación.