El amor propio
Noviembre / Diciembre 2022 | Cortos de La Viña | Mujeres en AA

El amor propio

Su recuperación incluye la fe de que hasta en momentos difíciles, no está sola

Hola compañeros, me llamo Laura y soy alcohólica en recuperación, una enferma emocional. Quiero compartir un poco de mi experiencia de cómo mi vida ha ido cambiando dentro de AA. Yo llegué a una junta cuando un compañero me invitó a pasar. Yo creía que no tenía problemas con el alcohol pues me consideraba una bebedora social. Empecé juzgando la experiencia de mis compañeros, pero poco a poco se quedaba un claro mensaje en mi mente. ¿Cuál era? El que había una esperanza de vida.

Yo vengo de una familia disfuncional, tengo cinco hermanos y yo soy la menor. Mi hermano y yo somos los menores y somos hijos del primer matrimonio de mi madre. Al crecer con mi padrastro, desde los dos años de edad, me daba cuenta de las diferencias entre mis hermanos y yo. Siempre fue muy distante conmigo y así fui sintiendo que no pertenecía a mi familia.

Pasaba tiempo con las tías, buscando ese lugar que me diera esa esperanza de amor, pero a pesar del amor de mis primas y tías, me seguía sintiendo sola, incomprendida y sin ganas de vivir.

Pasaron los años y a mis quince años ya tenía tres intentos de suicidio, siempre quería morir, no le encontraba sentido a mi vida. A esa edad me uní al padre de mi primer hijo, solo por querer salir de ese vacío existencial de mi vida. Pensé que eso acabaría cuando llegó a mi vida, pero la realidad fue otra, me sentía más sola que nunca. Duré dos años con esa pareja. Mis padres quisieron apoyarme con mi hijo y yo decidí irme a trabajar a USA pues yo soy de México. Allí busqué religiones que me hablaban de Dios pues me seguía sintiendo sola, fui a varias iglesias pero nada funcionó.

Regresé a México pero mis padres se quedaron con mi hijo. Así pasaron los años hasta que tuve a mi segunda hija, la tuve soltera pero empecé a enfocarme en trabajar para que no le faltara nada. Allí conocí a mi pareja y duré cinco años con él. Encontré el amor del poder que yo buscaba. Hoy lo sé, pero antes de esto, después de cinco años, decidí ir a trabajar a USA pues quería dejar esa relación tóxica.

Así llegué a mis juntas de AA, cansada de la vida, de sentirme fracasada y con siete intentos de suicidio. Al escuchar a mis compañeros me percataba solo de una cosa, que ellos eran igual que yo, unas personas con ganas de vivir y amar, de ser amados y de salir adelante y sin temores.

Después de dos años en AA me declaré alcohólica pues yo me presentaba como enferma emocional. Empecé a salir a otros grupos a compartir, tomé la decisión de que mi primer hijo regresara a mi lado. Empecé a ver la vida diferente, a encontrar el amor propio, no es fácil pero todos los días le hecho ganas. Voy a mis juntas, apoyo como puedo, empiezo a tener cambios de juicios y actitudes. No es fácil lidiar con mi enfermedad pero hoy he aprendido a vivir el presente, perdonar el pasado y no vivir en el futuro.

Hoy, hace tres años que llegué al grupo solo para matar mi tiempo libre, pero les puedo compartir que Dios me puso en esa sala para que aprendiera a vivir, a amar la vida.

Hace tres años que no pienso en suicidarme, claro, tengo recaídas emocionales pero hoy sé que tengo un lugar en AA de esperanza, donde hay hermanos del dolor que están para cuando yo lo necesito, y en esos momentos difíciles, me dan su mano para acompañarme en este camino de esperanza, amor y fortaleza.

Mi vida dentro de AA es otra, difícil pero maravillosa, porque sé que puedo vivir diferente y romper cadenas de sentimientos dentro de mi familia, amigos y familiares. AA me ha enseñado a amarme y a amar a los demás, y aquí sigo mientras mi Dios lo quiera, echándole ganas.