Camino del destino feliz
Noviembre / Diciembre 2022 | Cortos de La Viña | Servicio

Camino del destino feliz

Reflexionando sobre el viaje de un alcohólico en recuperación

Esto que vive el mundo para mí ha sido la confirmación de aquellas palabras que están en el Libro Grande en el capítulo “Una Visión Para Ti”, cuando dice: “... y seguramente te encontrarás con algunos de nosotros cuando vayas por el Camino del Destino Feliz”.

Caminar por Alcohólicos Anónimos es una de las aventuras más maravillosas que le puede pasar a un ser humano que sufre de una enfermedad llamada alcoholismo. Cuando uno es nuevo no sabe adónde ha llegado, solo ve personas que se ayudan los unos a los otros, que no hacen diferencia y que te tratan con mucha libertad.

Mi proceso en Alcohólicos Anónimos tiene varias etapas, mi primera etapa fue la más crítica, pero esta etapa de aproximadamente cinco años hizo que conozca hasta el que hoy se convirtió en mi guía, mi ejemplo a seguir, mi amigo, y hasta puedo decir que fue como el padre que nunca tuve. En esta etapa perdí la esperanza, y ante un intento fallido de suicidio, este buen hombre me visitó en el hospital y me devolvió la esperanza. Fue la primera persona que me presentó el Libro Grande y me enseñó a dar mis primeros pasos. Por cosas del destino él se tuvo que ir de la ciudad y por más que estuvimos en contacto ya no era lo mismo.

Luego mi madre fallece y en un abrir y cerrar de ojos me quedé completamente solo. Acá empieza una segunda etapa en la comunidad que yo la llamo la etapa salvadora, me aferré al Libro Grande y empecé a hacer nuevos amigos, el programa era lo único que tenía, entonces, me metí como decimos por acá, “con zapatos y todo”.  Esta vez lo iba a hacer bien, me metí al servicio, asi no me lo pidieran, pasé por todos los servicios, y lo que más me gustó de esta etapa es que por fin podía llegar a dormir a mi casa, algo que no había hecho por mucho tiempo.

Mi recuperación fue milagrosa, todo estaba en servir, servir y servir. Para coronar mi servicio llegó un comité de Lima y, entre los custodios, me llamaron para ser el secretario de la IV Convención Nacional dos años antes de ese magno evento, así es que acepté de inmediato. El estar en el servicio me ayudó mucho para que también hiciera el programa, podría decir que fue paralelo, definitivamente era otro, había cambiado, entendí lo del Despertar Espiritual, puedo decir que nunca más se fue mi Despertar en el programa, estaba muy feliz y agradecido de estar vivo.

Ya llegando la fecha de la convención nos visitó un hermano mexicano y nos hicimos buenos amigos, nos trajo muchas ideas y era de los que me agradan, nunca se oponía a nada. Para este hermano todo lo podíamos hacer, y nos animamos a hacer una entrevista a los hermanos del penal y trasmitirlo en la convención. La idea era buena, pero ahora faltaba sacar los permisos para llevar cámaras al penal, y gracias a la fe, la idea se hizo realidad. El comité de la convención creció más y más, tiramos la casa por la ventana, el coliseo para la inauguración, el campo ferial para las reuniones, tres salones. Nunca había sido parte de algo así, quizá escriba más adelante de tantos recuerdos tan lindos de todo lo que pasaba en mi vida con la comunidad.

Un día me entero de que mi padrino iba a estar físicamente por mi ciudad, me alegré tanto de volverlo a ver, yo pensé que ya no lo iba a ver físicamente, quería contarle todo lo que logré gracias a que me visitó en el hospital y así fue. Lo vi después de muchos años, lo abracé, lo llevé a mi casa y le presenté a mi esposa y a mi hijo. Le conté todo y cómo me sentía, me dijo que a Bill le había pasado algo parecido y que ahora tenía que trabajar mi sobriedad emocional: la próxima frontera, y quedamos en encontrarnos en un evento en otra ciudad y así fue.

No había asistido a un evento de AA en años y me sentí muy extraño, sentí que no pertenecía ahí y solo me venía a la mente nostalgia. La gota que derramó el vaso fue cuando estuve parado en el salón del evento en un receso, un joven se me acercó y me ofreció una revista para comprar, me decía: “Compre su revista, así nos apoya”, no aguanté más y salí corriendo. Me fui al hotel y me puse triste porque ese joven era yo hace unos años, yo también hice ese servicio, y qué feliz se le veía y qué infeliz yo me sentía en ese momento.

Al regresar a mi ciudad prometí regresar de a pocos a los grupos. Ya nuevamente con los consejos de mi padrino regresé y pude estacionarme un buen tiempo en un grupo nuevo para mí, de nuevo al café, a abrir la puerta, ser voluntario para atender llamadas en la oficina, pero ya nada era igual. Los buenos momentos llegaban pero se esfumaban, sabemos que nos emociona cuando un candidato se queda, pero a veces también deciden irse y la emoción se desvanece.

Hay momentos en los que me olvido del drama que está viviendo el mundo en general, no soy ajeno al dolor y sufrimiento de mi pueblo, he perdido amigos, colegas, nadie aún cercano, pero mi estabilidad emocional se mantiene con la ORACIÓN Y MEDITACIÓN. Mi padrino me dice que no hay límites, es una experiencia individual muy reconfortante, un alimento espiritual, una necesidad, y ahora puedo seguir dando fe a esas palabras, “y seguramente te encontrarás con algunos de nosotros cuando vayas por el Camino del Destino Feliz”.