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Noviembre / Diciembre 2002

La práctica que he aprendido

Undécimo Paso: “Buscamos a través de la oración y la meditación mejorar nuestro contacto consciente con Dios, como nosotros lo concebimos, pidiéndole solamente que nos dejase conocer su voluntad para con nosotros y nos diese la fortaleza para cumplirla".

Hace varios años, en mayo de 1981, llegué a AA enfermo física, mental y espiritualmente. Físicamente porque mi cuerpo ya no metabolizaba el alcohol como las demás personas, y lo convertía en la sustancia X, la cual me despertaba la compulsión por seguir bebiendo. Enfermo de la mente porque, aun sin beber, mis defectos de carácter me hacían reaccionar en una forma diferente a los demás. Por ejemplo, el miedo y la timidez me obstaculizaron muchos proyectos de vida, incluso teniendo capacidades para lograr las cosas. Espiritualmente porque ya había perdido el sentido de mi existencia, la posibilidad de trascendencia y la creencia en un Poder Superior.

Llegué a AA siendo un defensor del evolucionismo, un materialista dialéctico y un adorador de la ciencia, sin ninguna posibilidad de creer en la parte espiritual del programa, algunos compañeros enfatizaban en sus intervenciones su práctica religiosa, a la cual yo había renunciado hacía tiempo.

Mi comprensión de la lectura me llevó a entender intelectualmente mucha parte de la literatura, pero al mismo tiempo a cuestionarla por el aspecto espiritual que contenía. Me dediqué durante unos meses a leer artículos relacionados con el alcoholismo, sobre lo que decían de AA otras fuentes, y la parte histórica, condensada en revistas y libros. No sé en qué momento volví a creer en Dios, pero fue sólo después de leer el capítulo "Nosotros los Agnósticos", con su afirmación de que la Gran Realidad se encontraba dentro de mí. Para mi espíritu rebelde fue un descubrimiento maravilloso, porque desde mi adolescencia me había centrado en la idea de que no se podía encerrar a Dios en una urna o manipular con Él a las conciencias. Ahora sería libre para buscarlo cuándo y dónde quisiera, sin intermediarios ni intimidadores.

Así inicié el resto del programa, porque mi Segundo Paso demoró varios meses. El descubrimiento de un Dios amoroso fue vital para mi crecimiento en AA porque ya tenía evidencias de Su amor y Su poder (estar vivo, estar en AA, haber perdido la obsesión por beber, etc.) y no fue sino confiar en que si me había ayudado antes, cuando lo negaba y blasfemaba de Él, ahora me aceptaría como el padre al hijo pródigo. Me sentí amado por El. Con estos pensamientos y actitudes estaba en el Paso Tres.

Debo decirles que fue al dar el Paso Dos cuando volví a orar. Durante mis primeros meses no pronuncié ni siquiera la Oración de la Serenidad, tan común a todos los AA. Mi segunda oración fue la del capítulo quinto del Libro Azul, con la que he continuado hasta hoy, y es la que llamamos la oración de la entrega.

Mis Pasos Cuarto y Quinto me dieron la posibilidad de saber quién era, la magnitud de mi vida ingobernable, sus causas y las posibilidades y limitaciones de mi carácter. Cuando doy el Paso Seis me preparo para una nueva forma de orar, que depende de mi disposición para crecer a imagen y semejanza de mi Poder Superior. Este crecimiento es proporcional a mi disposición para eliminar mis defectos de carácter.

En el Paso Siete, por lo tanto, pido a Dios que elimine cada uno de los defectos de carácter que obstaculizan el camino para ser útil a Él y a mis semejantes. Esta oración se encuentra en el capítulo seis de Alcohólicos Anónimos. Este paso practicado con disciplina me coloca en un estado que me permite concluir que si yo tengo tantas limitaciones, los demás también tienen las suyas, y que solamente podrán sobreponerse a ellas con un trabajo intenso. Aparece entonces la compasión, para reconocer que ser bueno no es fácil.

Con este sentimiento elaboro la lista de personas a quienes he ofendido y me dispongo a reparar el daño causado en mi pasado. Al realizar este paso se fueron dando las promesas del capítulo seis. Al rezar para pedir fortaleza y orientación para hacer mis reparaciones, el valor para pedir y dar perdón, voy adquiriendo un nuevo estado donde suceden cosas extraordinarias, como el ser capaz de perdonar muchas cosas que me parecían imposibles, como al hombre que mató a mi hermano.

El Paso Diez es la aplicación de los anteriores, más que todo el inventario y reparaciones al día de hoy. Dice el texto básico que es aquí donde entramos en el reino del espíritu. Para mí fue la versión renovada del plan de las 24 horas, del "hoy no bebo", al "hoy actúo de acuerdo con los principios de AA".

Con los pasos anteriores pasé de volver a tener contacto con Dios a familiarizarme con Él en la acción de la entrega, la petición de eliminar mis defectos de carácter y de ayuda para hacer reparaciones. A medida que hacía esto me volví más consciente de mí mismo en cuanto a mis limitaciones, a pesar de mi trabajo intenso. Aquí fue donde cobró sentido el enunciado del Paso Once: "Buscamos a través de la oración y la meditación mejorar nuestro contacto consciente con Dios, pidiéndole solamente que nos dejase conocer su voluntad y nos diese la fortaleza para cumplirla". 

Encontré en este enunciado algunas ideas claves:
a) Mejorar mi contacto consciente con Dios: esta idea me llevó a reflexionar que si bien desde el Paso Dos había iniciado un contacto consciente, aquí se me pedía mejorarlo con acciones concretas: oración y meditación. La oración ya la había practicado desde el Paso Dos (Oración de la Serenidad), y a estas alturas todos los días hacía la oración de la entrega, la del Paso Siete (donde se pide a Dios que elimine los defectos de carácter) y el Padrenuestro, que si bien en los grupos lo empecé a pronunciar, cobró verdadero sentido a partir de los Pasos Ocho y Nueve. Esta era mi práctica. Respecto a la meditación ya había tenido contacto con ella en mis primeros tiempos en AA, cuando aún no oraba.

Aprendí a sentarme en posición Za Zen, práctica que aprendí en un dojo Zen.

b) La petición del enunciado: Ya no consiste en pedirle que elimine dificultades, ni que elimine defectos, sino la más sencilla petición, pero a la vez la más difícil de cumplir si aún nos manipula el ego: la que me deje conocer Su voluntad, pero a la vez me dé la fortaleza para cumplirla. Bill le pedía a Su Poder Superior por la mañana que se la dejara cumplir "con buena fortaleza y buen humor".

En este punto de mi práctica se incorporó a mi ritual matinal la oración de San Francisco de Asís, santo de devoción de Bill y de Herman Hesse, mi autor preferido desde mi adolescencia (y a quien le reprochaba su preferencia por este santo). Con la práctica de la oración me liberé de las dependencias, porque ya no le pido a Dios que me amen, comprendan o consuelen, sino que esto debo hacer yo antes de esperarlo de los demás. Allí pido ser un instrumento de paz, un eslabón, para que sea testimonio de que al menos hay un lugar pacífico en el mundo, ayuda a mantener mi ego en su sitio. Claro que ahora pido que a los demás se les dé la fortaleza para asumir la vida. Una petición muy especial es por aquéllos que tienen algo contra mí, o a quienes haya causado algún mal. Pronuncio una oración que usan al terminar las reuniones de AA en Mamascar y Nuestro Hogar en la India, donde se pide por los alcohólicos. Luego pido por los cuerpos de servicio, porque en los eventos se trate de vivir el espíritu de AA, y por todos los servidores.

Resumiendo, mi práctica habitual es:
1) Oración de la Serenidad

2) Lectura del texto básico: capítulo seis sobre oración y meditación

3) Lectura de partes del Doce y Doce sobre el Paso Once

4) 20 minutos de silencio en una posición adecuada (físicamente relajado, emocionalmente calmado, mentalmente concentrado y espiritualmente consciente)

5) Las oraciones que mencioné anteriormente.

Esta práctica ha mejorado mi vida y me ha dado la fortaleza para prestar servicio, desde el apadrinamiento hasta la Junta de Servicio General. Me ha ayudado incluso a comprender las incomprensiones que el mismo servicio conlleva.

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