Lazos rotos
Llegué a Alcohólicos Anónimos a la fuerza, enviado por un juez, sin creer que podía dejar de beber, pensando que mi problema eran las ciento cuatro firmas que tenía que colectar para mostrar al señor juez. Cuál fue mi sorpresa, que sin darme cuenta, ya estaba comenzando el tratamiento de mi enfermedad. Porque a todo esto, jamás pensé en pertenecer a esta sociedad.
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