Una deuda del corazón
La historia de todas las alcohólicas es muy similar a la mía. Somos personas normales en casi todas nuestras actitudes, menos en nuestra manera de beber. Nacemos y nos criamos igual que todos los seres humanos. Cuando somos pequeñas todavía nuestros padres están pendientes de nuestra educación, hasta que comenzamos a tener lo que llamamos “nuestra propia responsabilidad”, pero que en nosotras no es que sea muy grande. Lo único que es grande es nuestro ego; todo nos lo merecemos y sólo yo existo, esa era mi realidad, pero cada vez vamos viendo que tenemos unas características que no las tienen nuestras compañeras, ni hermanos, por lo general nadie de la familia.
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