Mayo / Junio 2020 | AA en prisiones

La vida del grupo

Un miembro relata, con su experiencia, la importancia de las Tradiciones de AA
Las Doce Tradiciones, como principios, rigen o, mejor dicho, guían la vida del grupo y de la comunidad. Son los principios que nos indican el camino para el mejor funcionamiento del grupo; parten de la experiencia y errores de muchos miembros y exponen también todos los defectos que tenemos como personas y como comunidad. Nos recuerdan que si queremos funcionar como personas y como comunidad, debemos eliminar o controlar muchos defectos y personalismos venenosos.
Primera Tradición: El bienestar tiene la preferencia, nuestra recuperación depende del bienestar del grupo. Si como persona me comporto como el borracho que fui: insultando, molestando e interrumpiendo a los compañeros o soltando impertinencias a los compañeros, será difícil que haya buen ambiente en el grupo y sin éste mi recuperación y la de mis compañeros será muy difícil. Pero también nos dice que no tenemos que aguantar cualquier actitud ofensiva dentro o fuera del grupo. Si un compañero molesta, se le llama la atención, y si sigue molestando se le invita a marcharse y a volver cuando esté dispuesto a comportarse.
Segunda Tradición: La única autoridad moral es con Dios, a menos que se manifieste a través de la conciencia de grupo. Todos los miembros del grupo, desde el que lleva un día, al que lleva treinta años, tenemos derecho a opinar, y/o abstenernos en las opiniones de los demás, incluso las opiniones que sean contrarias a las mías.
Tercera Tradición: El único requisito para pertenecer a AA es el deseo de dejar de beber. Cualquier persona es miembro de AA desde el momento que lo diga; esto incluye a mujeres, a hombres, a pobres, a ricos, a negros, a blancos, a nacionales, a extranjeros, etc. Toda persona puede dejar la comunidad y el grupo cuando lo decida ella, no es obligatorio.
Cuarta Tradición: Cada grupo debe ser autónomo, excepto en aquellas cosas que afectan a otros grupos o AA como un todo. Todos los grupos tienen la capacidad de decidir cómo hacer las reuniones, a qué hora iniciar las reuniones, cuántas veces se abre a la semana y cómo hacer los servicios; menos cuando afectan a otros grupos. Si brindamos servicio de Información Pública en una ciudad y vamos al mismo sitio, con la mitad de diferencia, esto afecta a AA como un todo. En este caso, nuestra autonomía acaba y debemos contar con los demás. 
Quinta Tradición: El único propósito de AA es llevar el mensaje al alcohólico que aún sufre. Que, si pretendemos hacer más, estamos intentando más de lo que podemos. Si intentamos que se recuperen en AA, además de los alcohólicos, los ludópatas, drogadictos, etc., podemos intentar abarcar más de lo que podemos. En la actualidad, ya hay otros programas para ayudar a esta gente. 
Sexta Tradición: Un grupo de AA nunca debe prestar el nombre de AA a ninguna empresa ajena, para evitar que los problemas de dinero, propiedad y prestigio nos desvíen de nuestro objetivo primordial. Como consecuencia de esta tradición, tampoco apoyamos causas ajenas, como pueden ser campañas antialcohólicas o de educación.
En su momento hubo grupos en Asturias que pensaron en apoyar campañas de educación, pero sirvió para alejarnos de nuestro propósito y crear una división. Como se suele decir: aprendiz de mucho, maestro de nada. Había un compañero que hablaba tanto de ingeniería, como de medicina, filosofía, psicología, o cualquier otro tema, pero siempre para disertar y no decir nada. En la práctica ni hacía servicios, ni atraía a la gente, ni explicaba el programa. A los grupos les pasa lo mismo, si queremos abarcar muchos campos, al final no hacemos nada. 
Séptima Tradición: Cada grupo debe financiarse a sí mismo. Todos los intentos en España de conseguir financiación ajena han acabado en diferencias y la disolución del grupo, cuando se ha conseguido tal financiación.
En la mayor parte de los casos no se consigue. Cuando se guarda mucho dinero en el grupo, cuando no desaparece, también crea una serie de problemas de quién debe manejarlo y cómo. No podemos estar pendientes de que nos den grandes cantidades de dinero, que no sé por qué nos merecemos, pero tampoco necesitamos tanto para tomar café y comprar literatura. 
Octava Tradición: AA nunca debe tener carácter profesional, pero sus centros de servicios pueden emplear empleados especiales. La mayoría de nosotros no somos profesionales de la medicina, por lo cual no damos servicios médicos, enviamos o aconsejamos que vayan al médico a aquel que lo necesita. Dado que no somos una asociación formal, no contratamos como grupo a personas para tales tareas. Pero el área y la OSG, que sí lo son, pueden emplear a gente para atender las cartas, llamadas, y pedidos de literatura (en el caso de España hay dos).
Novena Tradición: AA como tal nunca debe estar organizada, pero podemos crear juntas de servicios que son directamente responsables ante aquellas a las que sirven. Los comités que hacemos tienen la capacidad de decidir sobre su servicio, pero eso no impide que tenga que dar información al grupo sobre sus actividades, tampoco implica que tengan la última decisión, ésta siempre es del grupo.
Los comités deben ser lo suficientemente grandes para tener cubiertas, pero como excesivamente grande también puede ser incómodo, son demasiados egos a mandar. También se sugiere que rote en el servicio; si me dejan yo puedo mandar en todos los servicios y querer hacerlo todo, y apatronarme en el servicio para siempre, convirtiéndome en un jefe. Si yo mandara en el grupo, las cosas iban a ir bien, pero para los miembros del grupo podría ser un infierno. 
Décima Tradición: AA no tiene opinión acerca de asuntos ajenos. Yo cuando bebía opinaba sobre todo y daba muchos consejos, la mayoría de las veces sin saber de lo que hablaba, casi siempre para decir bobadas. Si como grupo hacemos lo mismo, podemos quedar mal y perder nuestra capacidad de ayudar al alcohólico que aún sufre, como hicieron los Washingtonianos.
Undécima Tradición: Nuestra política de relaciones públicas se basa más bien en la atracción que en la promoción; debemos mencionar nuestro anonimato personal ante radio, prensa y TV. Como dijo Cervantes en Don Quijote, “Fíate de obras que de palabras”. Que nuestras obras sean nuestra mejor propaganda. Las palabras y medallitas que me otorgo sólo son esas bonitas palabras, pero vernos bien aseados y vestidos, compartiendo como personas hechas y derechas será nuestra mejor propaganda. Durante años he oído decir a los recién llegados que lo que más le había llamado la atención fue que esa gente era capaz de reírse, ellos no; este detalle puede ser un buen ejemplo.
Duodécima Tradición: El anonimato es la base espiritual de todas nuestras Tradiciones, recordándonos anteponer los principios a las personalidades. Esta tradición sugiere dos cosas. La primera que debo guardar el anonimato de los demás, no debo contar lo que cuentan los compañeros en las reuniones, ni dentro ni fuera del grupo. Tampoco debo decir quién es miembro de AA, es un dato que sólo la persona interesada puede decir. Tampoco debo decir quién vino a la reunión del lunes, ni siquiera a gente del grupo. Únicamente yo soy la persona que puede decir si vengo a la comunidad y cuándo vengo. Yo conozco mis propias circunstancias y a quién puedo ayudar rompiendo mi anonimato, y a quién puedo perjudicar.
La segunda cosa que me sugiere la Duodécima Tradición es que debo anteponer los principios a las personalidades. Si miro a una mujer por encima del hombro por ser alcohólica, no estoy anteponiendo los principios de AA, estoy dando rienda suelta a mi machismo; recordemos que en AA, todos merecemos ser respetuosos. Si niego el voto a un miembro del grupo porque no hace servicio o porque viene una vez al mes, posiblemente esté dando rienda suelta a mi soberbia.
En mi recuperación he ido aplicando un poco las Tradiciones a mi vida, aunque hace unos meses me parecía una bobada.
Tengo que tener en cuenta que el funcionamiento no es culpable que yo esté en el paro, ni que tenga un mal día, debo tratarlo bien, pero también tengo que hacerme respetar cuando me faltan. Tengo que respetar las opiniones ajenas incluidas las que no coinciden con las mías. Debo respetar las decisiones de los demás, si decide estudiar con setenta años, está en su mano hacerlo. 
No puedo gastar más de lo que gano, ni hacer presupuestos suponiendo que vaya a recibir dinero que en realidad no sé si voy a recibir. Esto tan obvio lo hacen todos los días miles de amas de casa, pero para muchos de nosotros era una idea extraña. Tuve un familiar que gastaba dinero en relojes de oro, mechero de oro, pero apenas tenían que comer al final del mes.
Yo sólo soy profesional en lo mío; soy un buen delineante, pero no necesariamente un buen psicólogo, asesor, etc. Debo limitarme a hacer bien lo que sé hacer.
Como dijo Machado “Doy consejo a fuer de viejo, nunca sigas mi consejo”. Sólo doy consejos sobre lo que sé. Antes de dar un mal consejo voy a preferir meter la pata.

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