Mayo / Junio 2016

Para mi hermana

La sobriedad le da una oportunidad inesperada

Hola, mi nombre es Rafael y soy alcohólico. Me encuentro en un taller de La Viña apoyando el aniversario de la revista con mi experiencia.

Yo serví como representante de mi grupo y eso me dio de regalo un año de sobriedad, tal como me lo prometieron los RLV veteranos de mi grupo.

Pero el regalo más grande que me dio el servicio, fue tener la oportunidad de mandarle una suscripción a mi hermana, que vive en México. Gracias a la revista, pudo mantenerse sobria después de que, por motivos que desconozco su grupo cerró las puertas. Leyendo las experiencias de La Viña mi hermana recibió el mensaje y continuó con su sobriedad.

Esa experiencia me reafirmó la importancia de apoyar a La Viña en todos sus eventos. Yo estoy convencido de que es una herramienta que te ayuda a mantenerte sobrio, y que transmite fortaleza y esperanza a esa persona que siente que el mundo se le cae encima, al no poder parar de beber por sí mismo.

En estos eventos, además, he conocido mucha gente que se preocupa por esta revista, para que continúe saliendo de la imprenta. Y por eso hoy entiendo que tengo que hacer todo lo que esté a mi alcance, para asegurar su producción.

Finalmente, esta es la manera en la que yo puedo ayudar a otro ser humano y decirle que hay una solución a su problema. Yo encontré la solución en AA.

Yo estaba seguro que moriría a causa del alcoholismo y el abuso de otras sustancias. Ese era el futuro que yo veía para mí. Porque ni el dolor de mi madre, ni el hecho de ser padre de dos hermosos hijos, ni la pérdida de mi propio negocio, así como tampoco el ver que mi familia me cerraba las puertas, tan cansados estaban de mis mentiras, nada de eso me movía para yo poder tomar la decisión de buscar ayuda.

No fue sino hasta que Dios, como yo lo concibo, se manifestó de una manera que, aun ahora, es muy dolorosa de recordar.

Mi compañera tuvo que pasar por la experiencia de un aborto, porque no podía contar conmigo ni como esposo, ni como padre. Pues yo jugaba con sus sentimientos, mentía e incumplía mis responsabilidades. Perdí a mi hijo que tan sólo tenía cinco semanas. Fue un golpe muy duro.

Pero entonces pude reconocer que tenía un problema. Yo sabía donde estaba la ayuda. Tuve que admitir que toda mi vida yo había actuado de la misma manera, con las parejas anteriores. Estaba claro que el que tenía un problema era yo, no ellas. Yo tenía problemas y decidí buscar ayuda en AA.

Empecé a trabajar el programa con mi padrino y no fue fácil; cuando tenía alrededor de tres meses, casi renuncié a Alcohólicos Anónimos. Pero mi Poder Superior decidió que me mantuviera aquí. Así es como, desde que llegué a AA, no he bebido y no he vuelto a usar otras sustancias.

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