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Mayo / Junio 1997

Un asunto de tener confianza

Cuando me tomé el último trago, mi hija tenía trece años. En mis días de borracheras, me sentaba en un bar y, llegado el momento, le decía a mis amigos, "Bueno, me voy al juego de balompié de mi hija." Me decían que era muy buen padre, y me iba pensando lo mismo. Y me marchaba al juego — borracho una vez más. 

Después de que logré la sobriedad, solía escuchar a otros padres hablar acerca de cómo su alcoholismo había afectado a sus hijos. Tocaba esa vieja cinta de mi pasado en los bares y pensaba cuán afortunado era que no había afectado a mi hija.

Esta manera de pensar continuó por unos cuantos años hasta que una noche cuando mi hija tenía alrededor de diecinueve años. Para ese entonces tenía seis años de sobriedad. Llegó a casa tarde y yo estaba esperándola. Tuvimos una gran confrontación debido a su tardanza. Ella pudo decirme lo mucho que la había avergonzado cuando me presentaba borracho a su colegio y a sus juegos y cómo deseaba que yo no estuviese allí. Pudimos hablar y llorar juntos esa noche. Ese fue el principio de la relación que tenemos hoy en día — pero fue sólo el comienzo. 

Cuando tenía once años de sobriedad, y mi hija había cumplido veinticuatro años, le pregunté si le gustaría asistir a una de mis sesiones de terapia. Estuvo de acuerdo. El terapista le hizo a mi hija una pregunta clave: "¿Cuál es el problema más grande que tienes con tu papá?". Mi hija dijo, "La falta de confianza." Me sentí destruido, pero le permití que respondiera sin defenderme. Una vez más nuestra relación mejoró inmensamente. 

Mi hija se casó y se mudó con su esposo. Continué preguntándome si la confianza existía entre ellos, pero no podía preguntarle. 

En mayo de 1996 (mi décimo sexto aniversario de sobriedad), mi hija dio a luz a una niña. Por causas ajenas a mi voluntad, no pude estar presente. Entonces me llamó para decirme que se iba a mudar de nuevo a nuestra área, y me preguntó si podía pasar a recogerla al aeropuerto. Sabía en mi corazón que el asunto de la falta de confianza iba a ser resuelto, Me imaginaba a mi hija en el aeropuerto, preguntándome si podía cargar a mi nueva nieta. Ésta sería su manera de decirme, "Papá, confío en ti." Compartí mis ideas al respecto en las reuniones, desarrollando y aumentando esta dramática escena. 

Entonces mi hija llamó para confirmar su llegada al aeropuerto. Luego me dijo. "Papá, al día siguiente tengo una cita en la peluquería. ¿Podrías cuidar a tu nieta?”  Ya no me pregunto si mi hija confía en mí. Hoy sé la respuesta. 

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