No importa la distancia
Marzo / Abril 2021 | Edición Anual de Nuevos

No importa la distancia

El lenguaje del corazón le ayuda a sobrellevar la realidad del COVID-19 para su sobriedad

Mi nombre es Blas y soy alcohólico. En estos momentos nos encontramos algunos compañeros en la ciudad de Fresno, California, y aunque el viaje fue largo desde Phoenix, no importa la distancia, porque he podido encontrarme con compañeros con los que hemos salido de ese mal del alcoholismo. Es muy confortable el estar en la reunión y sentirse parte de una gran hermandad.

En estos tiempos difíciles de la pandemia COVID-19, no es posible saludarnos con la confianza de la cual estamos acostumbrados, pero es agradable escuchar la experiencia y poder sentir el lenguaje del corazón. Yo soy un alcohólico que me siento feliz de compartir con los más nuevos en el programa que sí se puede, ya que yo llegué y me he quedado desde que tenía veintidós años de edad.

Por haber andado manejando bajo la influencia del alcohol, estuve tres fines de semana en la cárcel y además probación por un año. Gracias a la motivación de mis compañeros, sus entregas, y el ayudar a otros, me tocó ser parte de su gran labor. Y como gratitud hacia lo que hicieron por mí, mi labor para mantenerme sobrio es estar en los servicios.

Gracias a ello, mi familia puede gozar de las mieles de AA, y no tienen que tratar con un alcohólico borracho en la casa. Si Dios me lo permite, en agosto cumplo treinta y dos años sin llevarme esa primera copa, y mi esposa ya no trata conmigo en la manera que yo me portaba cuando andaba alcoholizado.

Un saludo a mis hermanos alcohólicos.

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