Marzo / Abril 2019 | Mi Peor Día Sobrio

El camino es largo

Su trabajo de veinticuatro horas recién empieza

Mi primer trago me lo dio mi padre, allá en mi pueblo, según él, para que me fuera formando como hombre.

De mi primera borrachera, por más que he intentado recordarla, no me acuerdo. Sólo sé que a la edad de trece años ya era un alcohólico consumado y también drogadicto. Viví la adolescencia entre pandillas, drogas, alcohol y cárceles.

Vivía resentido con mi padre y con la sociedad. Los culpaba a ellos por mi vida desorganizada de drogadicción y alcoholismo. Cuando me convertí en una persona adulta, me casé con una maravillosa mujer que me dio unos hijos a los cuales, igual que a mi esposa, di una vida de miseria y malos tratos a causa de mi alcoholismo y drogadicción. 

El día de hoy sólo por la bendición de un Poder Superior y de Alcohólicos Anónimos, conservo a mi familia. A través del programa de AA he logrado limar y curar mis resentimientos. 

He logrado pedir perdón a todos o al menos a la mayoría de las personas, incluida a mi esposa que aún está a mi lado. A mi padre que nada tuvo que ver con mi alcoholismo y mi drogadicción, y a esa sociedad en la cual yo jamás estuve integrado. 

No he llegado todavía a ser la persona que quiero ser y sé que el camino aún es muy largo, puesto qué grande ha sido el daño que he causado. Pero sé que si me mantengo en este camino de AA, trabajando el plan de veinticuatro horas, llegaré a mi meta de no volver a usar drogas ni alcohol hasta que mi Poder Superior se acuerde de mí. 

Por lo pronto voy a seguir trabajando lo más que pueda dentro de esta gran comunidad que es Alcohólicos Anónimos, y seguir dando gracias a mi Poder Superior, por haber hecho a través de AA un milagro en mí.

 

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