Marzo / Abril 2018

¡No lo hagas!

Nos recuerda que el anonimato protege al nuevo y a nuestra comunidad

Duodécima Tradición: “El anonimato es la base espiritual de todas nuestras Tradiciones, recordándonos siempre anteponer los principios a las personalidades.”

Soy José. Llegué a mi primera reunión de Alcohólicos Anónimos en los inicios de la década de los ochenta, en busca de ayuda para mi problema de la bebida y desde esa primera reunión sucedió el milagro: hasta el día de hoy no he tomado el primer trago.

Han pasado muchos años y he vivido muchas experiencias de todo tipo en las reuniones de AA y, por supuesto, que recuerdo la mayoría de ellas con un poco de melancolía. Me gustaría compartir algunas vivencias para hacer una breve comparación de cómo era y cómo es hoy la sociedad de AA.

Por aquellos años ya se habían abierto bastantes grupos en aquel sobrepoblado barrio donde yo vivía (Ciudad Neza, Estado de México) y, por consecuencia, bastantes reuniones a dónde asistir. Casi todos los grupos tenían reuniones diarias y la mayoría de éstas se iniciaban a las ocho de la noche con una duración de una hora y media. Por supuesto que existían grupos que tenían más de una reunión, en otros horarios, y otro grupo que organizaba reuniones desde el mediodía hasta la media noche.

Generalmente todos los locales de los grupos estaban abiertos, mucho antes de que la reunión se iniciara. Cuando llegaba el fin de semana algunos grupos organizaban reuniones “maratónicas”, una buena oportunidad para que cualquier alcohólico que “anduviera cargado” pudiera desahogar sus emociones. Y, como el nombre lo dice, no había límite de tiempo para los participantes en la tribuna. Este tipo de reuniones maratónicas (algunos les decían “reuniones de trasnoche”) solían empezar a las diez de la noche y se extendían “hasta que el cuerpo aguantara”. La mayoría de nosotros solíamos disfrutar casi de cualquier tipo de reunión y siempre hacíamos tiempo para ir a compartir con alcohólicos de otros grupos. Realmente todos disfrutábamos de estar juntos, de saber que ya no estábamos solos.

Los grupos de AA se multiplicaron rápidamente en esta región, como respuesta y como una posible solución a los múltiples problemas que estaban relacionados con el consumo excesivo de las bebidas embriagantes de parte de un porcentaje bastante alto de los habitantes de esta pequeña ciudad.

La mayoría de los grupos estaban compuestos por varios miembros activos (la mayor parte nuevos) que se habían agrupado para vivir el florecimiento y la efervescencia de Alcohólicos Anónimos en el vecindario. La composición de los miembros de los grupos era muy diversa. Por supuesto que la mayoría eran hombres maduros pero también, aunque muy contados, jóvenes menores de veinte años, varias mujeres y un puñado de miembros de la tercera edad.

En el campo ocupacional, existía una buena cantidad de alcohólicos en recuperación que trabajaban en diferentes empresas pero, también unos cuantos profesionales, pequeños empresarios, dueños de negocios y talleres, comerciantes, amas de casa, vendedores ambulantes y locatarios de los mercados públicos locales, etc.

Pero lo que más me sorprendió de aquellos alcohólicos (a veces creía que no lo eran) fue que entre ellos casi no había desempleados y que la mayoría tenía familia y un hogar.

Los servidores de los nuevos grupos siempre se preocupaban por tener a la mano toda la literatura existente de AA, y que estuviera disponible para que sus miembros pudieran leer y a la vez conocer, no sólo nuestro programa de recuperación, sino también nuestro legado de servicio, la historia de nuestra agrupación, y sobre todo los principios que nos han mantenido unidos hasta hoy: Las Doce Tradiciones.

También había muchos grupos que tenían reuniones de estudio y la mayoría de los miembros participaban en las mismas. Pero, aunque la literatura estaba disponible para todos y se le daba mucha importancia al estudio de los libros y folletos de AA, no es menos cierto que existían algunas desviaciones por parte de algunos miembros de los grupos de Alcohólicos Anónimos en lo que respecta a la práctica y cuidado de nuestros vitales principios, en especial nuestras Doce Tradiciones: bienestar común, liderazgo, autonomía, nuestro objetivo primordial, autoabastecimiento, etc.

Debo subrayar que en la actualidad estas deficiencias de varios miembros de AA, en la práctica y cuidado de las Tradiciones, no sólo han persistido sino que han aumentado. Una de estas desviaciones, que es muy común hoy en día entre los miembros de AA del siglo XXI (alcohólicos tecnológicos), es el no cumplimiento de la Tradición del anonimato personal.

Aunque por varios años me había resistido, recientemente he entrado a la era de la tecnología al adquirir mi primer celular. Dado que de alguna manera hay que aprender a usarlo. ¿Cómo? Pues la forma más efectiva que encontré fue practicando. En cierta ocasión, buscando en el internet la página de nuestra Convención Hispana de Estados Unidos y Canadá, por casualidad, encontré un sinfín de páginas de aniversarios de grupos, convenciones locales, convenciones internacionales, charlas de miembros, y otros eventos de AA, o al menos estaban clasificados como eventos de AA.

Me llevé una “sorpresota” al ver que en las charlas de los oradores, no solamente se identifican los nombres de los grupos, sino también las fotografías (videos) con los nombres completos de los oradores o ¿debería llamarlos predicadores o conferencistas?. Lo peor de todo fue que, después de un rato de andar “navegando”, casi me voy de espaldas al encontrar en el YouTube, un video con la participación, en tribuna, de uno de mis padrinos que más influyó en mis inicios para introducirme en los servicios generales y que, por diversas razones, no he visto personalmente por muchos años.

Lo que más me llamó la atención de estos videos, fue el descarado rompimiento del anonimato personal. La mayoría de los participantes en estos videos se identifican en la tribuna como miembros de AA, y hacen sus charlas como si fuera una reunión cerrada de Alcohólicos Anónimos. Nada de anonimato.

Aquí se me antojó sacar varias conclusiones. La más piadosa fue que, tal vez los participantes en estas charlas, en la tribuna de un grupo de AA, fueron grabados sin su consentimiento. Otra más, tal vez los oradores desconocían la tradición de anonimato personal (difícil de creer). Lo peor que se me vino a la mente fue que los oradores, deliberadamente, dieron su aprobación para que sus charlas fueran grabadas. Pero, creo yo, que aunque hayan consentido que se grabaran sus charlas, ellos no sabían las verdaderas intenciones de las personas o compañeros(as) de AA que realizaron la grabación (inocente alcohólico que te dejaste engañar). Lo más descabellado que se me ocurrió fue que estos seudo miembros de AA han llegado a la etapa de la búsqueda de prestigio, poder y personalidad, al dejar que los videos de sus charlas sean puestos para su difusión pública en el internet y otros medios de comunicación muy populares en nuestros días.

Aunque yo creo que esto último es lo más cercano a la verdad, también es cierto que la ignorancia de muchos miembros en lo que respecta a la tradición de guardar nuestro anonimato personal ante la prensa, radio, TV, y actualmente el internet, juega un papel importante, especialmente en miembros que aún cuentan con poco tiempo de sobriedad. Creo que los miembros de los grupos de AA tenemos mucha culpa de que esto suceda. Muchas veces invitamos a uno de nuestros miembros a exhibirse durante demasiado tiempo en la tribuna, exponiendo temas, a veces por más de una hora. Todo esto es muy malo para el ego de un alcohólico, así tenga uno o treinta años en AA. Lo digo por experiencia.

Y aunque puede ser que esta actitud (el rompimiento del anonimato personal) no le cause un daño permanente a AA como un todo, la verdad es que cada uno de nosotros (los más viejos) deberíamos hablar sobre la importancia de respetar nuestras Tradiciones en los foros adecuados. Para que, de ser posible, se revierta esta situación del rompimiento del anonimato personal antes de que se convierta en una epidemia. Tenemos la obligación de informar a las nuevas generaciones de alcohólicos que están llegando a nuestros grupos en busca de recuperación que, romper el anonimato personal y el anonimato de otros miembros de AA, nos puede llevar a perder la confianza del público y, más tarde, provocar la destrucción de nuestro movimiento y como consecuencia, el final de un método efectivo para la recuperación del alcoholismo. Un método que nos ha mantenido sobrios a miles de nosotros y que también puede ayudar a millones de seres humanos que están naciendo hoy y que lo pueden necesitar mañana.

Yo no me trago tampoco lo que un miembro de Alcohólicos Anónimos dijo hace tiempo respecto al anonimato: “Yo puedo hacer lo que quiera con mi anonimato personal siempre y cuando respete el tuyo”.

Recordamos algunas frases que nuestros cofundadores dejaron y que describen claramente este fenómeno que estamos viviendo en pleno siglo XXI: “En una época se nos presentó otro grave peligro para nuestro bienestar a largo plazo. Varios miembros, la mayoría bien intencionados, empezaron a romper su anonimato por todas partes. Algunos querían valerse del nombre de AA para hacer promoción para otras causas y así ayudarlas. Otros, simplemente deseaban que sus caras y sus nombres aparecieran publicados en la prensa. Creían que ser fotografiados con el gobernador sería una gran ayuda para AA (anteriormente yo había sido culpable de hacer lo mismo). Pero por fin nos dimos cuenta del enorme riesgo que supondría para AA, si todos estos ambiciosos de poder anduvieran sueltos a nivel público. Ya había una veintena de ellos que lo estaban haciendo”. (Manual de Servicio de AA y Doce Conceptos Para el Servicio Mundial edición 2003-2004).

¿Suena familiar lo anterior? Si esto sucedió en las décadas de los cuarenta y de los cincuenta, ¿cómo es posible que no se haya aprendido de la experiencia de aquella época?

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