Marzo / Abril 2014

Los terrores nocturnos

Los que conocen dicen que los sueños son el gran camino del inconsciente del ser humano. Carlos Jung, tan importante en los comienzos de nuestra literatura, comentaba, en cartas enviadas a nuestro cofundador Bill W., que la interpretación de los sueños tiene un gran valor en el conocimiento de los problemas inconscientes, tema que, de alguna manera, fue incorporado en las contribuciones que este psicólogo hizo a nuestro incipiente programa.

En mi caso personal, cuando yo bebía, mis sueños eran frecuentes y bastante intensos, especialmente durante las resacas aumentaban notablemente. Mis sueños eran tan realistas que me costaba mucho trabajo poder diferenciarlos de mi vida real. Las pesadillas, los sueños catastróficos y de terror eran los más temidos y los más frecuentes.

Poco antes de mi llegada al programa tuve la crisis más intensa que me obligó a ir a visitar a un siquiatra, quien me trató de explicar que todo era producto de mi imaginación y que debido a mi consumo de alcohol y otros tóxicos (nunca dije en qué cantidad los consumía) los sueños eran más vívidos.

Está por demás decir que de nada sirvieron las pastillas que este doctor me recetó. Ese problema, como muchos otros que yo tenía en ese entonces, parecía no tener solución.

Recuerdo que a mi llegada a un grupo de Alcohólicos Anónimos, en un pequeño pueblo al sur de mi estado natal en Jalisco, en la primera oportunidad que tuve para compartir en la tribuna, mi catarsis fue demoledora.

Sé que algunos compañeros tardan en subirse a la tribuna por primera vez y que otros tardan mucho más en experimentar a fondo las propiedades “curativas” de la catarsis. Para mí esta primera experiencia significó el fin de mis problemas de sueños desgarradores.

Al principio sólo hablaba de alcohol y de mi historial consciente, pero fue mi padrino en ese entonces, quien me sugirió que también tocara el tema de mis terrores nocturnos, fue cuando empecé a darme cuenta de que mi alcoholismo, mi dependencia y mis ensueños no eran el origen de mi problema, sino el resultado de los mismos miedos, inseguridades y resentimientos acumulados.

Poco a poco esas fantasías inconscientes se fueron haciendo menos frecuentes, pero, sobre todo, menos intensas.

El día de hoy sigo soñando y no puedo negar que algunas veces siguen siendo un tanto perturbadoras, pero ahora, sin alcohol y sin drogas, duermo sin miedo.

En un Cuarto y Quinto Paso pude escribir y relatar esos primeros sueños de los inicios de mi sobriedad en los cuales me veía drogándome y bebiendo en una terrible recaída, la cual me causaba una profunda tristeza y depresión, que continuaba incluso al despertar y recordar esos ensueños de pesadilla.

Grande fue mi sorpresa cuando pude constatar que la gran mayoría de mis compañeros alcohólicos anónimos en recuperación han tenido y siguen teniendo estos sueños de bebetorias que, gracias a Dios, son irreales y sólo están en nuestro inconsciente.

Cada día tengo menos de estos sueños, que en mi caso nunca han desaparecido en su totalidad, pero estoy seguro que los sueños de un alcohólico anónimo como yo, jamás serán el infierno que delirantemente percibía en los aciagos días de mi actividad alcohólica.

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