Loco por beber
Julio / Agosto 2022 | AA en las prisiones | Veteranos

Loco por beber

Hace ya más de cuarenta y siete años, nadie entendía cómo alguien podía seguir tomando con tantas consecuencias

Cada uno de nosotros, los alcohólicos anónimos, que son cientos de miles, yo entre ellos, en nuestra agrupación tomamos la decisión más acertada de nuestra vida al rendirnos, claudicar ante la imposibilidad de lograr beber como lo hacen otros, con control, ese control yo lo perdí o lo había perdido años antes de ingresar a la comunidad de AA.

Nuestra literatura, que es la experiencia de quienes nos antecedieron, nos dice que esa ilusión es una quimera con la que pretendemos lograrlo pero que nos hace llegar a veces a la desesperación, la locura y la muerte.

Nuestros historiales lo reflejan claramente, si nuestra perversa enfermedad está en el alma y en nuestro mal juicio, entonces es una locura. Como lo dijo Edgar Alan Poe, escritor de Estados Unidos: “La gente dice que estoy loco porque bebo, pero lo que no saben es que bebo porque estoy loco”.

Estaba en mí esa locura sutil, bueno, cuando se invade nuestro espíritu del mal, al caer en la inconciencia y desafiar frecuentemente a la muerte. Estando borracho provocaba a quien fuera sin razón, solo por la valentía que me prestaba el efecto de la bebida. Tomaba por varios días sin saber con quién o dónde andaba, perdía el sentido de las cosas y del tiempo, quedando a veces tirado en la banqueta o apareciendo despierto una vez en el asilo, como a mí me sucedió: “¿Qué hago aquí? ¿Quién me trajo? ¡Aquí no vivo!”.

También abrí el salón de la peluquería de mi propiedad a las cuatro o cinco de la mañana y bebí el alcohol con agua para controlar el temblor espantoso de los nervios, beberlo y seguir esa carrera alcohólica por días, y en mi caso por años, hasta llegar a los delirios tremens, donde me imaginaba ver unos enanos grotescos con cabezas muy grandes y unas piernitas pequeñas que con sus lanzas me empujaban a un abismo, y caía pero me detenía en la rama de un árbol y esa rama era una víbora.

Despertaba gritando y mi esposa me decía: “¡Héctor, ya estás loco! ¿Qué tienes?” Una esposa que tenía en completo abandono en el aspecto económico y moral, y cuatro hijos, tres mujercitas y un varón. Además, había caído en la infidelidad, sí, le fui infiel a ella, y con sobrada razón me lo reprochaba delante de mis hijos diciéndome la clase de bicho que era. Recordándome a la autora de mis días y corriéndome de la casa. Y yo salía a seguir bebiendo.

Hasta que algo pasó en mi vida cuando estaba con la aguja clavada en mi mano izquierda y me bajaba una gotita intermitentemente de suero, y yo con ganas de arrancármela y correr a la cantina a beber medio vaso de aguardiente, como lo hice otras veces. Entonces me quedé mirando una imagen que colgaba en la pared que había sido de la devoción de mi padre fallecido años atrás, y al verla me entró una calma y me puse a llorar de arrepentimiento, sintiéndome el ser más miserable del mundo toqué fondo, y en esa ocasión, llegué al grupo pidiendo ayuda.

Han pasado los años, para mí muchos (cuarenta y siete) y mi vida junto a mi familia cambió totalmente. Me dediqué a trabajar, igual que mi esposa se había dedicado a vender ropa americana que le daba una vecina, y hasta la fecha lo hace, ya no por necesidad sino por costumbre, dice que para entretenerse. Mi familia tiene tres hijas, seis nietos y cinco bisnietos, el mayor tiene cuarenta y cinco años y también es miembro de AA y es el RSG de su grupo. Una familia que es producto de Alcohólicos Anónimos y la hermandad de Al-anón, como dicen mis hijas y mi esposa que tiene el mismo tiempo que yo de pertenecer a dicha hermandad (mi esposa ha fundado tres grupos de Al-anón).

Ambos seguimos asistiendo a nuestros grupos, bueno al grupo, pues los grupos son de todos, ninguno es propietario de ellos, el propietario es un Dios que es todo amor y que se fijó en dos borrachos, no en dos hombres de ciencia, dos borrachos que pensaron que podían ayudar a otros borrachos, y a mí sí me ayudaron, pues la locura desapareció y llegó el buen juicio a mi mente. También estoy sirviendo en la agrupación, transmitiendo el mensaje de vida a otros alcohólicos, y repito, sirviendo en la estructura más de quince años y hoy sirviendo en el grupo al que asisto hasta el día de hoy.

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