Muerte prematura
Nací y crecí en un hogar alcohólico, por lo que el alcohol siempre estuvo presente, como si fuera tan común como el agua o el café. Lo veía como algo normal y nunca pensé que pudiera ser dañino. En todas las fiestas había mucho alcohol y poca comida. Cuando probé mi primera copa me sentí grande e importante, aunque mi alcoholismo no se desarrolló de inmediato. Con el tiempo, ya teniendo familia y a los treinta y cinco años, empecé a beber en exceso y pasé de ser una bebedora social a convertirme en una bebedora problema.
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