En sus manos
Todo comenzó una noche en que bebí demasiado. Por un malentendido y en un ataque de celos, le dije a mi esposa que me estaba engañando. Al día siguiente, nuevamente bajo los efectos del alcohol, perdí el control y empecé a imaginar cosas que no eran ciertas. La insulté, la agredí y hasta intenté correrla de la casa. Ella, con mi hijo de un año en brazos, me advirtió que llamaría a la policía si seguía así. Y lo hizo.
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