Síntomas malignos
Enero / Febrero 2023 | Un Poder Superior | Experiencia, Fortaleza y Esperanza

Síntomas malignos

Descubre que no hay brujería que pueda curar su alcoholismo

Yo, Francisco, le doy gracias a Dios por esta oportunidad de manifestar mi vida. Antes de salir del vientre de mi madre ya tenía complicaciones que no me correspondían.

Antes de que mi madre diera a luz a mi ser, le hicieron brujería negra, y como a los cinco o seis años de haber nacido, manifesté síntomas malignos como piquetes en la espalda. En los años 70 me llevaron a Cócorit, Sonora, para curarme con una señora ciega, morena y gorda.

Me quitaron la camiseta, me pegaron unos fajos con ramas, de betamonte o estafiate tal vez y recibí tres curaciones, por lo que con el tiempo se me quitó.

Yo era deportista y volvía a Cócorit, Sonora, a los veintiséis años aproximadamente, con un alcoholismo avanzado. Cuando llegué a ese lugar creí que lo había soñado, recordé los malos momentos y tenía encima al alcoholismo que me había destruido los estudios, los proyectos de hacer casa antes de casarme. Me casé a los treinta y cinco años y me enfoqué en ayudar a mis padres por muchos años. Aprendí a practicar la humildad con ellos y con mis diez hermanos, sin mirar que mi alma tenía derecho, y por ignorancia, me manifesté así por la vida.

Entré a Alcohólicos Anónimos ya casado, como dije, de treinta y cinco años, el día dos de junio de 2011. Llegué con un verdadero autoengaño y me pasaron el mensaje. El motivo de mi llegada a AA fue querer dejar de beber. Mi padre murió cuando yo tenía cinco meses en “libertad” en Campo 29, Obregón, Sonora. Sinceramente fue el espejo que nunca había visto, el espejo no me llamó la atención, fui yo que al verme la cara no me reconocía.

Me ayudó leer la literatura, revistas, persistir en ir a las reuniones y controlar mi tolerancia, antes me peleaba con los compañeros, estaba muy desequilibrado. No me marché del grupo por tomarlo como competencia y me di cuenta que leyendo la literatura y las revistas de AA ya tenía testimonios debajo de un árbol, en el lugar de trabajo, etc.

Me di cuenta que día con día y asistiendo a las juntas dejaba de beber. Ya el dos de junio cumplo diez años de estar en esta bella comunidad. Con la humildad que trabajé me gané el cariño de mis padres. Murió mi madre, mis hermanos me voltearon a mis padres por controversias, mi madre me regaló un pergamino por haber vivido con ellos en las buenas y las malas.

Tuve que salir de la casa materna a los ocho años de estar en AA. Me regalaron un patrimonio para sobrevivir antes que ellos murieran, por eso las controversias. Hoy rento una casa en Bacum, Sonora, con mi esposa Magda, mi hija de veinticinco años Vanessa, mi hija de catorce años Franshesca Marisol y mi hijo Jesús Francisco de doce años.

Hoy vivo un día a la vez por cada 24 horas. Sirvo en mi grupo (Bacum) “Una nueva vida”. Agradezco a mi Poder Superior de poder ser, pertenecer, aceptar y estar en las tribus yaquis (indígenas). Doy gracias al servicio desde la cafetería hasta servicios generales. Gracias AA por un nuevo rumbo con mi familia, felices 24 horas.

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