Instinto social amenazado
Enero / Febrero 2023 | Un Poder Superior | Experiencia, Fortaleza y Esperanza

Instinto social amenazado

Su tortura alcohólica termina cuando comienza a seguir la luz de los principios de AA

Hola, compañeros, mi nombre es Guillermo y soy alcohólico. Hoy me permito compartir mi experiencia de cuando era estudiante y mi vida estaba centrada no en los estudios sino en el beber desenfrenado y en mi instinto social amenazado.

Recuerdo que en una ocasión entré al estudio y vi mi vieja máquina de escribir destapada y me arrojé en el sillón de una manera desenfadada. Me sentía misteriosamente atraído por los recuerdos que uno a otro se empezaron a agolpar en mi mente: mi padre se había ido definitivamente al cumplir yo siete años, mi madre tenía que mantener a una hermana y a tres hermanos más.

La inseguridad económica asomó sus fauces en nuestra vida cotidiana. Yo tenía clases de pintura en la escuela y no podía pedirle a mi madre que me comprara material que necesitaba, entonces dejé de asistir a esa clase que tanto me gustaba.

Luego, estaba en la poesía coral y no podía pedirle que me comprara el atuendo para la presentación de fin de año de la escuela. Llegué incluso a enfermarme cuando venían las presentaciones. Un día, mis maestros me fueron a buscar a mi casa porque teníamos un ensayo general de una obra de teatro del cual era uno de los protagonistas principales y, por supuesto, descubrieron que no podría costear el traje que necesitaba y la escuela asumió el gasto. Esto despertó rumores entre mis compañeros, disgustos, riñas y distanciamiento. Como dicen los compañeros: mi instinto social quedó lastimado por mucho tiempo.

Luego vino la secundaría y mi madre me mandó a una escuela de hijos de obreros, ahí aprendí el arte de alburear. Mis compañeros vendían periódicos en la calle y ayudaban en alguna tienda o boleaban zapatos. Yo por mi parte iba al club del trabajo de mi mamá donde nos daban clases de teatro, karate, primeros auxilios, pintura, básquetbol.

Cuando platicaba con mis compañeros, no sabía que les agredía, por eso no tenía amigos. Hoy en día me cuesta trabajo tener amigos. Tengo muchos compañeros en la agrupación, pero uno o dos amigos, siento que no me merezco su afecto y me alejo, es algo con lo que he luchado durante estos años que he estado en la agrupación.

Cuando entré a la prepa, entré a trabajar al gobierno de México, por lo que tuve que ir en el turno vespertino donde los compañeros eran mayores que yo, de nuevo una barrera social, ahora la edad y el instinto social sufriendo.

En la universidad me enamoré de una compañera, pero los viernes el amor por el alcohol se hacía más fuerte. Ahora había gente de mi edad, pero eran de una posición social mejor que la mía, recuerdo que cuando me daban un “aventón”, por no llevar mi carro, le decía que me dejaran dos o tres cuadras, pues en una ocasión, casi al llegar a los condominios donde vivía con mi madre un compañero dijo que eran “los palomares” y eso me llenó de vergüenza. Siempre me ha preocupado lo que “piensan los demás de mí”. Mi padrino dice que eso es locura.

Hoy en día me río cuando me acuerdo de mi manera de ser antes de vivir a la luz de los principios de AA. Hoy sé que soy hijo de un Dios vivo y vibrante que me ha dejado vivir tiempo extra para llevar el mensaje a aquél que como yo, vive el aislamiento social por su manera de beber.

Hoy al compartir no lo hago para lacerarme sino para dar testimonio de lo que Dios ha hecho en mi vida. Que nuestro amado Creador los guarde y como decía Bill: “Señor enséñame a amar lo mejor de mis compañeros y a no temer lo peor de ellos”.

Vive tu vida de tal manera que cuando tus pies toquen el suelo en la mañana, el diablillo del alcohol se estremezca y diga: “¡En la madre!.... ¡Ya se levantó!”

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