Enero / Febrero 2020 | Defectos de carácter

Carrito chocón

Aunque obtuvo la camioneta de sus sueños, no lograba manejarla sin tomar

Hola, amigos de La  Viña, yo soy un alcohólico en recuperación, más bien yo diría un sobreviviente del alcohol. Vengo de una familia de alcohólicos. Yo jugaba a los borrachitos y cuando tuve la edad de dieciséis años, tuve mi primera borrachera. Unos amigos mayores que yo me dieron alcohol, pues, aunque trabajaba durante la temporada de siembra de maíz, no ganaba porque lo hacía para ayudar a mi papá.

A los diecisiete años me vine de bracero con un acta de nacimiento alterada. Luego me vine de mojado y logré cruzar. Tomaba de vez en cuando y mucho, pero después empecé a tomar más seguido; nunca pensé que era una enfermedad progresiva.

Así pasaron los años y me casé con una buena mujer. Tuvimos cuatro hermosas niñas que nacieron en mi pueblo, en México, mientras yo iba y venía de indocumentado. Cierto día, un buen hombre el cual era mi patrón, me dijo: “Por qué no traes a tu familia”, y yo le dije: “¿Dónde van a vivir?” Entonces me contestó que él me compraba una móvil y también me prestaba el dinero que se necesita para cruzarlos. Yo tenía un carrito 64 Chevy y me fui a San Luis C., Sonora. Me los pasaron junto con el carro por ciento cincuenta dolares, pero eso fue en 1974, y nomás el cruce, porque yo luego manejé a Paso Robles, California. 

Yo tomaba cada ocho días. En ese año nacía otra de mis hijas. El día que ella nació, en la noche, me emborraché y no sabían nada de mí. Me dicen los que me vieron que lloraba y decía que era porque mi mujer había tenido otra hija mujer, o sea otra niña. 

Después de eso, al poco tiempo me cayó la migra, pero no nos llevó porque tenía a mi hija, y mi patrón otra vez me ayudó a que no me echaran. Me fui para la ciudad de Oxnard a trabajar en los techos lo que en inglés se llama “roofing”. Saqué una camioneta financiada, siempre soñaba con una camioneta Chevrolet y se me hizo tenerla, pero ya cuando me faltaban seis meses para terminar de pagarla, se me pasaron las cervezas y no quise que me llevaran porque no quería dejar mi pickup. Así me fui, y faltando poco para llegar a mi casa choqué contra otro auto y ahí se acabó lo que tanto me gustaba. Para buena suerte a mí no me pasó nada ni al otro conductor; el carro se averió poco porque era un Chevy de 1958. Yo me fui a la cárcel y mi camioneta al yonque. 

Fui doce veces a Alcohólicos Anónimos y a la escuelita, pero nada, yo seguía tomando como si nada hubiera pasado. Me daban crédito para pagar el día de cheque. Hasta que en 1999 me volvieron a agarrar y me suspendieron la licencia por un año, porque me rehusé a que me hicieran la prueba de sangre. Otra vez fui a doce juntas, fui a la escuelita de borrachos y esa vez dejé de tomar por dieciocho meses. Pero cuando volví a tomar, tomé con más ganas, aguantaba menos porque ya estaba más viejo y ya tenía síntomas de diabetes.

Me dio por cambiar, no tomar tanta cerveza y tomar más vino fuerte, hasta que un buen día caí en un retén de sobriedad. Me bajaron de la camioneta y me dijo el oficial: “Sóplale a la maquinita, si das más de ocho grados, te voy a arrestar”, y gracias a Dios marcó más de catorce grados y me esposaron. Cuando estaba en el cuartito dije: “Bendito policía, ya no voy a volver a tomar, ya me salvé de tantas; no atropellé a nadie y estoy a tiempo de salvar lo poco que queda de mí.”

 A los cinco días llegó a mi casa un compañero y me invitó a su grupo, y yo con gusto fui, esta vez a quedarme. Fue en julio del año 2000 y hasta ahorita no he vuelto a tomar. Gracias a Dios y a Alcohólicos Anónimos lo he logrado, sino fuera por estas dos cosas yo ya me hubiera muerto. Vivo muy feliz con toda mi familia, estoy disfrutando de mi pensión y sigo trabajando en los techos, más despacio porque ya cuento con sesenta y ocho años. La diabetes la tengo bien controlada. 

Además, logré hacerme ciudadano de los USA, ya que cuando tomaba lo intenté, pero debido a mi último DUI no pude hacer el juramento, más bien, no me dejaron. Pasaron tres años, volví a intentarlo y lo pasé; con mucho orgullo de ser un buen ciudadano. Ojalá y puedan leer estas letras mal escritas, pero quise hacerlo yo con mis propias manos.

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