Enero / Febrero 2010

Creciendo con el anonimato

Duodécima Tradición: El anonimato es la base espiritual de nuestras tradiciones, recordándonos siempre anteponer los principios a las personalidades.

Hace poco tiempo atrás, en una reunión de mi trabajo, me di cuenta con emocionada sorpresa que de las seis personas que había en la sala, tres de nosotros éramos miembros de Alcohólicos Anónimos, pero los otros dos no lo sabían. Ellos se conocían en el mundo profesional aunque no a través de AA. Y es que ellos asisten a diferentes juntas y cada uno de ellos protege su anonimato en las esferas públicas.

Esa noche, mientras revisaba mi día sintiéndome agradecido, decidí pensar en mis experiencias personales con el anonimato y las tradiciones once y doce.

Al inicio de mi sobriedad, mi anonimato personal era muy importante. A pesar de que mi nombre ha estado impreso en papel innumerables veces, por ofensas relacionadas con el alcohol, el miedo al estigma y la discriminación todavía me da vueltas en la cabeza, al igual que les sucede a los nuevos hoy en día y como sucedía en los primeros años de Alcohólicos Anónimos.

En mis primeros años en AA leí mucho. Leí “Por qué Alcohólicos Anónimos es anónimo” escrita por Bill W. También leí de Harry Tiebout “Cuando el gran yo se transforma en nadie” de las primeras ediciones del Grapevine. Ambos artículos me ayudaron a ver la necesidad de una “profunda deflación del ego”. Estaba al tanto de los peligros del egocentrismo y de la esclavitud del yo. Empecé a sentir la necesidad de mezclarme, de ser uno entre muchos.

Yo era maestro de escuela cuando llegué a AA. No le tomó mucho tiempo al director de mi escuela para que viera los cambios en mi vida. Él estaba curioso y cuando me preguntó qué era lo que yo estaba haciendo le dije que iba a AA. Su entusiasmo fue cauteloso. Él recordaba cuán seguido había dado sus advertencias, diciendo: “La próxima vez que tu nombre esté en los periódicos...”

Mi carrera profesional mejoró al mismo tiempo que recobré mi cordura, aunque eso no sucedió sin dolor y con varios altibajos.

También he sentido el latigazo del estigma. Me hirieron los sentimientos cuando perdí un trabajo al final del proceso de entrevistas. Entré en la sala para mi última entrevista con la directiva de una escuela y el director dijo: “Algo pasó”. Supe que se habían enterado de mi carrera de bebedor. Dieciséis años de sobriedad, excelentes recomendaciones y una preparación al nivel de doctorado no convencieron a la directiva para reconsiderar mi solicitud. Ante sus ojos todavía era un borracho. Me dolió, pero traté de poner un pie delante del otro... espiritualmente hablando.

Hoy en día, me desempeño como superintendente de las escuelas en mi comunidad. Durante el proceso de entrevistas con la directiva actual, traté de venderme primero como educador y luego les revelé mi historia y afiliación a AA. Esto fue una ventaja con esta directiva, pero todavía recuerdo el dolor de aquella frase, “Algo pasó”.

Mi anonimato continúa siendo un punto importante en mis defectos de carácter. Comparto mi sobriedad con mucho gusto cuando mi Poder Superior me pone la oportunidad en el camino. He disfrutado ayudando a colegas que llegan a AA y que, habiendo perdido sus licencias, han podido recuperar su prestigio profesional. (Mi nombre apareció en una lista de personas que estaban dispuestas a ayudar, en un momento en el que rompí mi anonimato). Quiero ver el día en el que mis dos colegas se vean en una junta y que los tres nos tomemos un café y hagamos bromas sobre la reunión después de la reunión.

Eso sucederá en su momento, no en el mío, tal y como los principios espirituales nos indican.

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