Article Hero Image
Enero / Febrero 2006

Reconciliación de una joven agradecida

Hola, mi nombre es Nancy y soy un miembro más de AA. Me inicié el 27 de julio de 2001. Antes sólo asistía a las juntas para apoyar a mi compañero, pero con el transcurso de tiempo él estuvo a punto de dejar AA y me di cuenta que era una enferma alcohólica y que también era adicta a las emociones y a los seres humanos. Yo sentía que mi esposo era mi dios y mi estado emocional dependía mucho de cómo estuviera él. Si él estaba feliz y hacía lo que le pidiese, yo era feliz; si no, yo estaba mal.

Una de las cosas que comencé a trabajar en mi grupo y en la tribuna (podio) fue el resentimiento arraigado que tenía contra mi padre. El sentir tanto odio me estaba matando y no tenía un momento de paz. El no estuvo conmigo durante mi niñez porque tenía otra familia, y así fue que crecí sola, con una madre que se la pasaba trabajando. Tenía envidia al ver a las niñas paseando de la mano de sus padres. Yo no tengo ese recuerdo.

Mi padre nunca estuvo presente en casa cuando más lo necesitaba. Cuando estaba enferma, él no estaba. Sólo venía a casa como visita de médico y se iba.

A los diez años, salí por primera vez de vacaciones con mi padre. Me llevó a su otra casa con su otra familia, que estaba a unas dos horas de la de mi madre. Allí comencé a tratar a mis medios hermanos, con los que no me llevaba bien y me sentía como una extraña. Noté la diferencia que hacía mi padre conmigo y mis hermanastros. A ellos les daba dinero para ir a la tienda, y a mí no.

Pero cuando llegué a AA empecé a trabajar en la tribuna haciendo juntas de catarsis, y con mi padrino hice el cuarto y quinto paso. La verdad es que me costó mucho superar tanto odio. Como no tenía, ni tengo, una foto de mi padre, mi padrino me dijo que tomara un papel y escribiese “éste es mi padre" y que me arrodillara para rezar por la mañana y por la noche, y que platicara con él. Lo hice algunas veces y llegué a sentir que estaba viviendo conmigo en mi casa y que dondequiera que fuese, él caminaba a mi lado.

Un día fuimos a un servicio en Los Ángeles y el orador habló de su experiencia con su hija y lo difícil que había sido lograr su perdón. Sentí que estaba escuchando a mi propio padre y empecé a llorar. Dios se manifestó y, finalmente me pude reconciliar con él.

¿tienes algo que quisieras compartir con nosotros?

¡Queremos escuchar tu historia! ¡Envíanos tu historia o foto y esta podría ser publicada en una próxima edición de la revista La Viña!

comparte aquí