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Enero / Febrero 2001

Responsabilidad

"Yo soy responsable, cuando cualquiera, dondequiera, extienda su mano pidiendo ayuda, quiero que la mano de AA siempre esté allí. Y por esto: yo soy responsable."

Esta es una declaración muy bella, pero no deja de ser nada más que palabras bonitas, a menos que yo y sólo yo, convierta en realidad su contenido.

Para mí es necesario, antes que nada, que llegue a percibir la mano pidiendo ayuda, de otra forma no podré hacer posible que la mano de AA esté allí. Pasaría como en el caso de alguien que, siendo muy rico, decide separar miles de dólares, por un año, para distribuirlos entre aquellos que necesitan dinero y se lo pidan. Al finalizar el año se encuentra ante la increíble situación de que no le ha dado nada a nadie y se pregunta ¿por qué? La razón es sencilla, aunque sus intenciones eran muy buenas, no se las dio a conocer a aquéllos a quienes pretendía ayudar y éstos no supieron adónde acudir en su necesidad.

De igual forma puede pasarme; aunque mi intención sea ayudar al alcohólico que me lo pida, puede que esa ayuda no se me llegue a pedir nunca por no enterarse el alcohólico que puede acudir a mí para obtenerla. Mi intención es buena, al igual que la del millonario, pero nadie se entera. ¿No será que mi interpretación de la Tradición del anonimato es incorrecta y me hace ser tan anónimo que me incapacita para prestar ayuda? ¿En dónde se indica que un miembro recuperado de AA no puede hacerlo saber así en la comunidad a sus vecinos, compañeros de trabajo, sacerdotes o ministros religiosos, médicos, policías, trabajadores sociales, jueces y otros a quienes, por naturaleza de su trabajo o servicio, conocen más de cerca los problemas del alcoholismo? Si estos miembros de mi comunidad no saben que yo estoy dispuesto a ofrecer mi recuperación para ayudar a otros alcohólicos, no podrán por desconocimiento recurrir a mí.

Me parece que es hora de que deje de evadir la responsabilidad de la "Declaración" escondiéndome bajo el antifaz del anonimato que, más que antifaz, se ha convertido en capa aisladora que no me permite la práctica del Duodécimo Paso: llevar el mensaje al alcohólico que aún sufre.

Después de todo, ¿no es éste el propósito de AA?

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