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Enero / Febrero 2001

Nuestro don espiritual

Junto a la alegría de participar en el programa de AA dado por Dios, hay a menudo, para mí, un profundo sentimiento de tristeza. Tristeza al observar que muchos miembros luchan y tienen gran dificultad en adquirir la parte espiritual del programa. Pienso que es una justa afirmación que aquéllos que han experimentado un despertar espiritual logran la clase de sobriedad garantizada por el programa.  Adicionalmente, también parece muy claro que cuanto más profunda la experiencia espiritual, más grande la fortaleza de la sobriedad personal.

A la inversa, lo que también llega a ser claro, después de muchas 24 horas en AA, es que aquéllos que recaen o están peligrosamente cerca de hacerlo así, invariablemente parece que han olvidado que nuestra enfermedad es triple; consciente o inconscientemente han evadido o ignorado la parte espiritual de nuestra enfermedad.

AA, en su gran sabiduría, ha optado por abordar mesuradamente este problema. Pero los miembros no podemos pasar por alto el hecho del serio daño que a veces se puede hacer por miembros boquisueltos y obstinados en ver y presentar la enfermedad como solamente física y (o) mental. Si bien, ciertamente, ambas lo son, lo mejor es nunca olvidar los muy críticos aspectos espirituales de nuestra enfermedad.

 En mi opinión, este programa es singularmente exitoso por encima de otros porque permite a cada miembro la preciosa libertad para retornar a(o) para encontrar por primera vez el Dios como él o ella lo conciben. Creo también que sin el gran trabajo de Dios en los salones de AA o nuestra comunidad habría sido sólo otro programa de "rehabilitación social" y hace tiempo habría fracasado.

Parte del problema, por supuesto, es una natural desgana por hablar claro en las reuniones del grupo acerca de nuestras experiencias espirituales en Alcohólicos Anónimos. Frecuentemente este vacío permite a los partidarios del enfoque de las "dos partes" dominar el flujo de ideas en las reuniones. Muy a menudo, de esto resulta indudablemente una disposición negativa o al menos una falta de elevación para los oyentes.

Pero muchas veces observamos que cuando un miembro, sin avergonzarse, describe el trabajo de Dios en su vida (de él o ella) desde que llegó a AA, el hielo parece romperse rápidamente; similar y alentador compartir sigue rápidamente, algunas veces cambiando dramáticamente el carácter y ambiente de toda la reunión. Francamente, es la opinión de los AA que necesitamos más de este tipo de compartimiento. El conocimiento de que Dios ha trabajado por medio de AA no debe ocultarse, menospreciarse ni permitir que salga a la superficie sólo ocasionalmente.

Algunos pueden argüir que esta posición es demasiado fuerte o que sus premisas colocan a AA cerca de una postura religiosa. ¡Dios nos libre! ¿Podría sucederle algo más desastroso a AA que sus miembros empezaran a proclamarse como una secta o creencia, superior a todas las demás? Indudablemente debemos dejar el trabajo que Dios ha empezado en los salones de AA a su divino plan, confiando sólo en el conocimiento del creyente que una vez se pide ayuda, sin lugar a dudas se nos dará.

Por lo tanto, los que creemos en Dios salgamos a menudo y libremente a compartir con los miembros, nuestros compañeros de sufrimiento, el majestuoso trabajo espiritual que comenzó en nuestras vidas por medio del maravilloso programa de AA. Hacer menos es menospreciar el don que se nos ha dado y quizás privar al que sufre, en su búsqueda espiritual, de la oportunidad de llegar al Dios de su concepción y gozar de los frutos de una serenidad de larga duración.

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