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Enero / Febrero 1997

Fragmentos de nuestra historia

En 1961, recién ingresado en AA, Harry O., mi padrino, me invitó a tomar parte en la Cruzada del Caribe. Me explicó someramente que se trataba de promover AA en los países de habla castellana, tarea que se había echado a cuestas Gordon M. Curiosamente, Gordon no hablaba castellano, pero su esposa lo entendía bien.

De 1961 a 1965 (cuando falleció Gordon), recibí por lo menos mensualmente dos cartas suyas escritas a mano en inglés, que yo le contestaba en castellano. También me enviaba cartas que le habían escrito a él. Fue así como me puse en contacto con AAs de España, las Islas Canarias, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Costa Rica, Panamá, Colombia, Argentina, Puerto Rico, República Dominicana y algunos hispanohablantes en los EE.UU. y en México, D.F.: Aurelio R., en San Luis, Potosí; Idelfonso C. en Tampico; Pablo M., Carlos de L.P. en Morelia; Antonio A., y muchos más, algunos de los cuales conocí personalmente en convenciones y congresos. Llegué a escribir 30 cartas semanales (era un hábil mecanógrafo) y en ocasiones no tenía dinero para las estampillas.

En 1964 Gordon nos visitó en Guadalajara, era un gringo ya viejo, humilde, amable y sólo hablaba de cosas positivas. Nos inculcó la idea de que, conservando el anonimato personal, debíamos dar a conocer el programa de AA o hacer que nuestros amigos de la prensa, cine, radio y T.V. lo dieran a conocer. No padecía el “complejo de protagonista” tan común en AA que, como dicen en mi tierra, “Quieren ser en las bodas el novio y en los entierros el muerto.”

Gordon murió el 27 de marzo de 1965, y su esposa me informó con un telegrama. Le contesté dándole el pésame. Después recibí la última carta de Gordon, que ya venía en camino cuando murió mientras dormía.