386 días
En mi ultima borrachera, estando acostado más bien tirado, en el sofá de mi casa donde acostumbraba beber y a pasar la borrachera vi a un lindo niño que acercándose a mí tocó mis pies y me abrazó. La visión fue fugaz, desapareció tan rápido como apareció, dejándome una extraña sensación en mi cuerpo y mente. Tal fue mi impresión que en ese mismo instante llamé a Dios con toda la fuerza que aún me quedaba. “Dios mío”, le dije, “ayúdame a dejar de beber porque ya no puedo más, estoy destruido, lo he perdido todo”.
¿desea continuar leyendo?
Debes tener una suscripción a La Viña para tener el acceso completo a nuestras historias y audios.
¿Necesita ayuda con servicio al cliente?
Llame al 800-640-8781 (Español), 800-631-6025 (Inglés), 212-870-3456 (Francés)
o escriba al correo electrónico: [email protected] (Español) o [email protected] (Inglés)
