Revista

De la edición de Septiembre-Octubre 2020.

Coordinando Una Reunión Virtual

El aprender a llevar el mensaje de forma digital le ayudó a su grupo a cruzar barreras

Anoche en mi grupo base tuvimos nuestra ya familiar reunión sin café ni pan dulce. Desde el inicio de esta crisis sanitaria nuestro grupo cambió su lugar de encuentro en el sótano de una iglesia en Brooklyn, Nueva York, por los desconocidos corredores de una plataforma digital.

Al principio, fue difícil convencer a los miembros del grupo. En realidad, ninguno de nosotros creía que funcionaría, pero la inminente posibilidad de que nuestro grupo ya no podría reunirse después de nueve años de actividad ininterrumpida — estuvimos abiertos durante el huracán Sandy, además del generoso gesto de la Oficina Intergrupal de Nueva York, que cedió de manera gratuita acceso a una conocida plataforma digital a todos los grupos del área 49, hizo que sin mucha discusión empezáramos nuestras reuniones a través de la cámara del teléfono o la pantalla de la computadora.

 

En la primera reunión estuvimos mucho tiempo tratando de conectarnos, aprendiendo sobre la marcha el funcionamiento de los múltiples botones, que están en inglés. Afortunadamente los miembros más jóvenes del grupo se ofrecieron a traducir al español y a explicarnos cómo usar la plataforma digital. Todos quedamos sorprendidos cuando uno de ellos nos mostró que ahora podíamos leer el preámbulo de AA desde la pantalla. Más sorprendidos nos quedamos cuando un compañero se presentó frente a la cámara sin camiseta.

 

Pero no todo fue fácil, uno de nuestros miembros veteranos, infaltable en cada reunión y conocido por siempre estar activo en las redes sociales, simplemente se rehusó a participar en este nuevo formato. Para él nuestra reunión física era irremplazable, a pesar de nuestros intentos por ayudarlo, hasta hoy no nos visita. Lo extrañamos.

 

Yo soy la encargada de coordinar la reunión digital y, aunque tengo algunas veinticuatro horas haciendo servicio dentro y fuera del grupo, esta etapa fue tan difícil como aquellos primeros días de sobriedad haciendo café en un grupo, en inglés, de mujeres. Al igual que los primeros días en la reunión de AA digital de mi grupo base, con veinte o treinta alcohólicos dando instrucciones al mismo tiempo y con el micrófono abierto, en ese grupo de mujeres, todas las alcohólicas parecían tener una opinión de cómo hacer el café. Gracias a ellas me quedé en AA, porque cada semana pensaba en lo que les contestaría y eso me motivaba.

 

En el poco tiempo que transcurrió desde nuestra primera reunión a la segunda, la noticia se esparció dentro de la comunidad hispana de AA. En esa segunda reunión quedamos boquiabiertos al ver que el número de participantes aumentaba a cada segundo. La emoción de ver en la pantalla a los compañeros de Arizona y de Illinois nos hizo olvidar que estábamos cada uno encerrados en nuestros hogares.

 

Una compañera compartió desde San Diego que en su trabajo como encargada de la limpieza en un edificio de apartamentos, comprobaba día a día el efecto que la pandemia tenía en los vecinos, cada mañana al recoger la basura veía más y más botellas de alcohol vacías. Desde las ventanitas de nuestros teléfono pudimos sentir el agradecimiento de estar allí en ese espacio digital, reunidos bajo el techo de AA. El breve silencio lo rompió la voz de un compañero que dijo: “Compas, ¡ahora los doble AA tendremos más trabajo pasando el mensaje!”.

 

Ya perdí la cuenta de las semanas que llevamos de distancia social y de grupos cerrados. Aquí en el sureste de Nueva York, los grupos del distrito hispano del área 49 se reúnen cada día usando una plataforma digital. Juntos hemos compartido el miedo, la soledad del encierro, y la profunda tristeza de perder algunos de los nuestros, víctimas del virus. Pero también hemos tenido la alegría de ver a los nuevos y nuevas contando días.

 

A veces en la reunión se escucha el cacareo de gallinas, y es que ahora se ha unido a nuestro grupo un compañero que vive en una zona rural de Centroamérica. Otro compañero participa desde el asiento de su camión, ese es su lugar de trabajo.

 

En Nueva York la presencia de mujeres en los grupos de AA hispanos es limitada, a nuestros grupos llegan muy pocas nuevas. Esta pandemia nos ha dado el inmenso privilegio de compartir con compañeras de otros estados, y de otros países. Hace poco tuvimos como oradora a una compañera celebrando treinta y cuatro años de sobriedad.

 

En mi grupo, cuando no hay orador invitado leemos una historia de La Viña, en esas ocasiones siempre se produce una atmósfera muy particular, como si estuviéramos leyendo la carta de un amigo que se encuentra muy lejos.  

 

Anoche tuvimos una reunión especial, celebramos el 85° aniversario de AA y leímos el artículo publicado en la edición de mayo-junio sobre el libro “Nuestra gran responsabilidad”. Muchos de los presentes contaron que era la primera vez que se enteraban de la existencia de ese libro. Esta vez el “amigo lejano” nos llevó de la mano en la lectura de ese libro lleno de detalles fascinantes sobre los inicios de AA.

 

AA me ha regalado una vida increíble, llegué a los cuarenta años, y ustedes, además de quitarme la necesidad de pasarme la vida borracha, me dieron la oportunidad de madurar. Me dieron una cajita con herramientas, que por mucho tiempo mantuve guardada sin abrir. Iba a los grupos a pelearme con los alcohólicos y a lucirme contando mis aventuras en los bares. Así viví gran parte de mi vida, bebiendo y tratando de convencer a los que bebían conmigo que yo era una víctima de la sociedad.

 

Los AA fueron pacientes conmigo, me mandaron madrinas que me ayudaron a descubrir las herramientas, los Doce Pasos, las Doce Tradiciones y hasta los Doce Conceptos. Sin esas herramientas yo no podria vivir esta época de crisis sanitaria y de gran incertidumbre. Con los Pasos me hice responsable, recuperé mi dignidad y abrí mi mente a la posibilidad de una vida espiritual, que hoy me reconforta. Con las Tradiciones me di cuenta que para ser realmente feliz necesitaba un grupo de alcohólicos a mi lado, digital o presencial.

-- Irene D.

New York, New York , EE.UU.