Revista

De la edición de Julio-Agosto 2020.

Poco a poco

Un alcohólico en Argentina cuenta como reconstruye su vida con la ayuda del programa

Mi nombre es Nicolás y soy alcohólico. Por la gracia de Dios, como yo lo concibo, he tenido la oportunidad de vivir muchas de las promesas que los miembros de AA me compartieron en mis primeras reuniones. “Grandes acontecimientos te sucederán si te quedas con nosotros”, me decían. Y yo, con la mente nublada, con mucho miedo, me agarré fuertemente de ese rayo de esperanza que se colaba en cada palabra, en cada reunión.

Una historia que se repetía una y otra vez era que muchos habían vuelto a tener una nueva relación familiar basada en el amor y la comprensión. Mi situación era todo lo contrario: la relación con mi familia era casi nula y para nada feliz. Cualquier conversación que mi madre o mis hermanos intentaban tener conmigo era respondida con gritos, insultos, seguida de un portazo, y me iba derecho a tomarme unos tragos, creyendo tener una excelente excusa: “Esta gente no me deja vivir mi vida en paz”. En todos estos momentos, mi madre, mis dos hermanos, mis tíos, mis primos y mis amigos me brindaban todo su apoyo y compañía para hacer un tratamiento, pero yo estaba muy ciego y muy sordo por el alcohol para ese entonces. 

-- Nicolas B.

Buenos Aires, Argentina

Para leer el artículo completo usa el enlace para empezar los 7 días de prueba gratuita.